María josé León
Guayaquil-Ecuador
La vida fue testigo de nuestro
empedernido querer.
Cada pared guarda un poco de nuestra historia
con sabor a atardecer de verano.
Susurrando tu nombre a la luna,
mientras en tu boca me derrito.
El sin fin de un amor inefable,
que arrastra nuestros nombres
a el mágico momento del ayer.
empedernido querer.
Cada pared guarda un poco de nuestra historia
con sabor a atardecer de verano.
Susurrando tu nombre a la luna,
mientras en tu boca me derrito.
El sin fin de un amor inefable,
que arrastra nuestros nombres
a el mágico momento del ayer.
Última edición: