Abrojos

Anibal Rodriguez

Poeta adicto al portal
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Pasaba las horas, allá en mi cabaña,

y nada turbaba mi vida serena,

sintiendo la brisa de agreste montaña,

con frescos aromas de nardo y verbena.



Un día llegaste con risas y canto

y todo en el campo, de amor floreció,

y tanto abandono que fuera quebranto,

de pronto tu magia con rayo encendió.



Aquellos claveles que tristes lloraban

volvieron radiantes de nuevo a la vida,

sus pétalos mustios de nuevo brillaban

trayendo esperanza, de ensueño bruñida.



Trajiste contigo los dulces anhelos

que llevan la esencia de mágico encanto,

con tiernos fulgores de espléndidos cielos

del alma quitaste tristezas y llanto.



Un año completo de dulce alegría,

con besos ardientes, con tanta pasión,

la estancia cubriste con mucha armonía

llenado mi pecho de grande ilusión.



Un día de mayo, que nunca esperaba,

que estaba florida la flor del laurel,

te fuiste en silencio, tu luz se apagaba

Dejando desierto mi bello vergel.



Las rosas que un día gozabas sembrando,

quedaron tan solas al ver tu partida,

su efluvio fragante se fue evaporando

volando en el viento su esencia querida.



Ahora a mis días, allá en la cabaña

a diario le faltan, tus besos, tu aliento,

y paso las horas, allá en la montaña

mirando el futuro mas negro y mas cruento.



Autor: Aníbal Rodríguez.
 
Última edición:
Ese ir y venir del amor, es lo que siempre matiza nuestras vidas, mi querido Aníbal...
Alegrías y sufrientos que siempre nos acompañan y que inspiran a todos los poetas
del mundo. Un gusto haberte leído,y de haber disfrutado de la belleza de tu poema.

Te saluda un amigo: El gitano
 
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Me encontraba solo, solo en mi cabaña,
muy tranquilo estaba con mi alejamiento,
pero al conocerte tembló la montaña,
despertó de pronto con un fuerte viento.

La gran amargura que me acompañaba
se volvió muy rauda loca algarabía,
y aquel canario que silencioso estaba
volvió a regalarme linda melodía.

Y la enredadera que se marchitaba
resurgió muy bella, de nuevo a la vida,
su sépalo lánguido otra vez brillaba
Con regios colores de fuego encendido.

Retornó a mi vida desbordante anhelo,
de pasión repleto, de fuego y de encanto,
y como dulce angel que vino del cielo
de mi alejarías tristezas y llanto.

Fue un año completo lleno de grandeza,
de besos, caricias, risas y alegría
que inundó la estancia con tanta belleza,
porque divino amor, en mi pecho ardía.

Un día de mayo, que yo no esperaba,
cuando más hermosa estaba primavera,
sin darme ni cuenta tu amor se acababa,
sin saber el porque te ibas de mi vera.

Al jardín de rosas, de fuego encendido,
se le fue perdiendo su mágica esencia,
aquel fuego ardiente que habías prendido
lo hiciste cenizas ya sin tu presencia.

Nuevamente ahora solo en mi cabaña
a diario me faltan, tus besos, tu aliento,
cuando el sol no sale en mi triste montaña
miro mi futuro mas negro y mas cruento.


Autor: Aníbal Rodríguez.​
El amor llega y hay que saborearlo a tope porque no sabemos lo que va a durar entre nosotros. Bello poema amigo Aníbal. Un abrazo. Paco.
 

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