Entreabres la puerta.
Te aproximas, me abrazas.
Huelo tu perfume,
inconfundible, francés,
de aquel freeshop de aeropuerto,
en promoción especial.
Tú lo escogiste,
yo solamente lo percibo en el aire.
Te recuestas a mi lado,
en silencio.
Buscando mi calor,
a pesar de mi cuerpo frío.
Lloras, yo también, quisiera.
Pero mis lágrimas se han secado,
como los mares que ya están muertos.
Quiero abrazarte,
como si fuera la última cosa,
que hiciera contigo, o por tí.
Pero no consigo, ya no tengo las fuerzas.
Tan solo hace algunos minutos,
que ya no respiro,
y tus lágrimas caen como cascadas absurdas.
Lentamente me voy,
dejando mi cuerpo inmóvil a tu lado,
llevo conmigo el aroma de tu perfume,
último recuerdo que me permiten guardar,
en la maleta del alma.
Te aproximas, me abrazas.
Huelo tu perfume,
inconfundible, francés,
de aquel freeshop de aeropuerto,
en promoción especial.
Tú lo escogiste,
yo solamente lo percibo en el aire.
Te recuestas a mi lado,
en silencio.
Buscando mi calor,
a pesar de mi cuerpo frío.
Lloras, yo también, quisiera.
Pero mis lágrimas se han secado,
como los mares que ya están muertos.
Quiero abrazarte,
como si fuera la última cosa,
que hiciera contigo, o por tí.
Pero no consigo, ya no tengo las fuerzas.
Tan solo hace algunos minutos,
que ya no respiro,
y tus lágrimas caen como cascadas absurdas.
Lentamente me voy,
dejando mi cuerpo inmóvil a tu lado,
llevo conmigo el aroma de tu perfume,
último recuerdo que me permiten guardar,
en la maleta del alma.