Se escurre la noche
a hurtadillas, descalza,
para que el sol desperezado
acaricie mi ventana.
Despiertan mis ojos
detrás de tu espalda,
en ascuas del fuego
tuyo en mis entrañas.
Te auscultan mis dedos,
te explora mi mirada
y los sismos de tu piel,
de canela y lava,
me endulzan el alma.
¡Tú estás en mi cama!
Entonces, y solo entonces,
mi corazón suspira
y exhalando el miedo,
en paz descansa.
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