A contra luz.
Poeta asiduo al portal
"Un sueño es sagrado"
Ella era la dueña absoluta del cuerpo sin vida,
y se sentó,
a la diestra de mi sano cadáver,
y sonrió,
hubo algunos fluidos y ruidos extraños,
los omitió.
Me mostró pasaje de ida al puerto caliente,
y sonrió,
lucieron sus dientes de un mal sabor,
y sonrió.
Salté a su adorado cuello y besé sus labios morados,
la besé como nunca lo había hecho,
hasta en sus senos desechos,
y en la cuenca de sus desaparecidos ojos
y hasta en lo tenebroso de su ser,
la besé.
Tal fue mi esmero que me concedió un día.
Hoy mi sueño se cumple,
y por fin, muero.
De Mijares, sí.
Ella era la dueña absoluta del cuerpo sin vida,
y se sentó,
a la diestra de mi sano cadáver,
y sonrió,
hubo algunos fluidos y ruidos extraños,
los omitió.
Me mostró pasaje de ida al puerto caliente,
y sonrió,
lucieron sus dientes de un mal sabor,
y sonrió.
Salté a su adorado cuello y besé sus labios morados,
la besé como nunca lo había hecho,
hasta en sus senos desechos,
y en la cuenca de sus desaparecidos ojos
y hasta en lo tenebroso de su ser,
la besé.
Tal fue mi esmero que me concedió un día.
Hoy mi sueño se cumple,
y por fin, muero.
De Mijares, sí.
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