El silencio

musador

esperando...
—¡Silencio! —aulló Rosalía, la maestra, entrando al aula.
—Buenos días, Señora. —El gentil saludo de Jacinto, desde el fondo del aula, sonó nítidamente en el silencio que habían hecho sus compañeros.
—¡Silencio! —aulló nuevamente la maestra, sin atender al saludo.​

Pasaron los días y Jacinto no volvió a hablar delante de esa maestra, a pesar de las bondadosas zalamerías con que ella trató de seducirlo. Acudió, preocupada, al Gabinete Psicopedagógico, de donde citaron al padre de la criatura.

—¿Usted sabe lo que le pasa a Jacinto?
—Creo que sí —respondió tranquilamente el padre—: sabe mejor que otros niños el valor de su palabra.
—No comprendo... ¿Puede explicarme por qué calla?
—Mi esposa, su madre, es sordomuda. Por su carencia, Jacinto sabe lo que vale la palabra...

Nota: publiqué este relato en otro sitio en el 2013.​
 
Última edición:
—¡Silencio! —aulló Rosalía, la maestra, entrando al aula.
—Buenos días, Señora. —El gentil saludo de Jacinto, desde el fondo del aula, sonó nítidamente en el silencio que habían hecho sus compañeros.
—¡Silencio! —aulló nuevamente la maestra, sin atender al saludo.​
Pasaron los días y Jacinto no volvió a hablar delante de esa maestra, a pesar de las bondadosas zalamerías con que ella trató de seducirlo. Acudió, preocupada, al Gabinete Psicopedagógico, de donde citaron al padre de la criatura.

—¿Usted sabe lo que le pasa a Jacinto?
—Creo que sí —respondió tranquilamente el padre—: sabe mejor que otros niños el valor de su palabra.
—No comprendo... ¿Puede explicarme por qué calla?
—Mi esposa, su madre, es sordomuda. Por su carencia, Jacinto sabe lo que vale la palabra...

Nota: publiqué este relato en otro sitio en el 2013.​
Lo recuerdo, Jorge, de ese otro sitio;...saber desde la más tierna infancia el valor de las palabras, ante una circunstancias tan adversas como silencio de su madre, ha de ser triste Un emotivo relato, Jorge
Un abrazo
Isabel
 
Última edición:
Silencio es poesía suficiente, aunque baje el nivel de la ortografía y se arruinen los poetas.
Hablando más en serio, magnífico micro.
Saludos, Juan.
 
Lo recuerdo, Jorge, de ese otro sitio;...saber desde la más tierna infancia el valor de las palabras, ante una circunstancias tan adversas como silencio de su madre, ha de ser triste Un emotivo relato, Jorge
Un abrazo
Isabel
Las maestras que no respetan a los niños, que no miran sus diferencias, hacen desastres...

Gracias por pasar, Isabel. ¡Cuánto tiempo pasó desde aquella tensón narrativa en la que escribí esto!

abrazo
J.
 
Silencio es poesía suficiente, aunque baje el nivel de la ortografía y se arruinen los poetas.
Hablando más en serio, magnífico micro.
Saludos, Juan.
¡Hola, Juan! Tiempo hacía que no nos cruzábamos... Justamente este micro es de una época en que interactuábamos con frecuencia, ¿recuerdas?
abrazo
Jorge
 
Las maestras que no respetan a los niños, que no miran sus diferencias, hacen desastres...

Gracias por pasar, Isabel. ¡Cuánto tiempo pasó desde aquella tensón narrativa en la que escribí esto!

abrazo
J.


Mucho nos ha llovido desde entonces, luego, la poesía me atrapó por completo, pero he rescatado ese recuerdo. Fue una iniciativa tuya que tuvo muy buena acogida.
Yo inicié El silencio 1 bajo el avatar, Yayel; 30/08/2013 a las 08:36
Lo he traído para acompañar el tuyo...
 
Última edición:
—¡Silencio! —aulló Rosalía, la maestra, entrando al aula.
—Buenos días, Señora. —El gentil saludo de Jacinto, desde el fondo del aula, sonó nítidamente en el silencio que habían hecho sus compañeros.
—¡Silencio! —aulló nuevamente la maestra, sin atender al saludo.​
Pasaron los días y Jacinto no volvió a hablar delante de esa maestra, a pesar de las bondadosas zalamerías con que ella trató de seducirlo. Acudió, preocupada, al Gabinete Psicopedagógico, de donde citaron al padre de la criatura.

—¿Usted sabe lo que le pasa a Jacinto?
—Creo que sí —respondió tranquilamente el padre—: sabe mejor que otros niños el valor de su palabra.
—No comprendo... ¿Puede explicarme por qué calla?
—Mi esposa, su madre, es sordomuda. Por su carencia, Jacinto sabe lo que vale la palabra...

Nota: publiqué este relato en otro sitio en el 2013.​
Un conmovedor relato Musador!
Y cuán elevado o muy bajo puede ser la sensibilidad de un maestro. Ese "Silencio" de entrada dice muy poco de la calidad de un buen maestro. Si la primera ganancia que un Docente puede cosechar precisamente comienza en ese momento estelar, cuando arriba al aula tan tempranamente. Así como también, levantar una pared infranqueable entre élla y sus pupilos, pretendiendo con ello mantenerlos al margen y con mínima participación.
Con razón no entendía por qué Jacinto se sumió en el silencio. Si nunca se acercó con cariño y experiencia para averiguar lo que le ocurría y recurrió a su representante; también dice aún menos de élla....
Y retornando a Jacinto. Increíble como tan sólo un niño, puede entender el valor de la palabra y el aprecio del silencio, con el tamaño que representa en su vida una condición, que ya de por sí no es normal y que la vive a diario, con sus nubes y con sus soles. Es realmente admirable.
Encantada de recorrer tus letras
Un abrazo hasta tu espacio
Camelia
 
Última edición:
—¡Silencio! —aulló Rosalía, la maestra, entrando al aula.
—Buenos días, Señora. —El gentil saludo de Jacinto, desde el fondo del aula, sonó nítidamente en el silencio que habían hecho sus compañeros.
—¡Silencio! —aulló nuevamente la maestra, sin atender al saludo.​
Pasaron los días y Jacinto no volvió a hablar delante de esa maestra, a pesar de las bondadosas zalamerías con que ella trató de de seducirlo. Acudió, preocupada, al Gabinete Psicopedagógico, de donde citaron al padre de la criatura.

—¿Usted sabe lo que le pasa a Jacinto?
—Creo que sí —respondió tranquilamente el padre—: sabe mejor que otros niños el valor de su palabra.
—No comprendo... ¿Puede explicarme por qué calla?
—Mi esposa, su madre, es sordomuda. Por su carencia, Jacinto sabe lo que vale la palabra...

Nota: publiqué este relato en otro sitio en el 2013.​
El verdadero sentido de utilizar la palabra..., en ocasiones el refejo
de las respuestas nos vuelve mudos. no merece entonces la pena
hablar. excelente composicion y bella moraleja que se inserta
en tus lineas. saludos amables de luzyabsenta
 
—¡Silencio! —aulló Rosalía, la maestra, entrando al aula.
—Buenos días, Señora. —El gentil saludo de Jacinto, desde el fondo del aula, sonó nítidamente en el silencio que habían hecho sus compañeros.
—¡Silencio! —aulló nuevamente la maestra, sin atender al saludo.​
Pasaron los días y Jacinto no volvió a hablar delante de esa maestra, a pesar de las bondadosas zalamerías con que ella trató de seducirlo. Acudió, preocupada, al Gabinete Psicopedagógico, de donde citaron al padre de la criatura.

—¿Usted sabe lo que le pasa a Jacinto?
—Creo que sí —respondió tranquilamente el padre—: sabe mejor que otros niños el valor de su palabra.
—No comprendo... ¿Puede explicarme por qué calla?
—Mi esposa, su madre, es sordomuda. Por su carencia, Jacinto sabe lo que vale la palabra...

Nota: publiqué este relato en otro sitio en el 2013.​
Un relato muy interesante para reflexionar. El silencio debería servir para escuchar a los demás, no para mandar callar.

Salud y ventura.
 
Un conmovedor relato Musador!
Y cuán elevado o muy bajo puede ser la sensibilidad de un maestro. Ese "Silencio" de entrada dice muy poco de la calidad de un buen maestro. Si la primera ganancia que un Docente puede cosechar precisamente comienza en ese momento estelar, cuando arriba al aula tan tempranamente. Así como también, levantar una pared infranqueable entre élla y sus pupilos, pretendiendo con ello mantenerlos al margen y con mínima participación.
Con razón no entendía por qué Jacinto se sumió en el silencio. Si nunca se acercó con cariño y experiencia para averiguar lo que le ocurría y recurrió a su representante; también dice aún menos de élla....
Y retornando a Jacinto. Increíble como tan sólo un niño, puede entender el valor de la palabra y el aprecio del silencio, con el tamaño que representa en su vida una condición, que ya de por sí no es normal y que la vive a diario, con sus nubes y con sus soles. Es realmente admirable.
Encantada de recorrer tus letras
Un abrazo hasta tu espacio
Camelia
Gracias, Camy. Los maestros son personas, y como tales están afectados por su cotidianeidad; a veces, no pueden dejarla de lado al tratar con sus alumnos y hacen desastres. De hecho, el nombre que he elegido para la maestra recuerda a una que tuve cuando tenía seis años: al año siguiente, esta maestra fue internada en un psiquiátrico; pobre señora, claro, pero los niños de seis años no están preparados para lidiar con tales complejidades...
abrazo
J.
 
—¡Silencio! —aulló Rosalía, la maestra, entrando al aula.
—Buenos días, Señora. —El gentil saludo de Jacinto, desde el fondo del aula, sonó nítidamente en el silencio que habían hecho sus compañeros.
—¡Silencio! —aulló nuevamente la maestra, sin atender al saludo.​
Pasaron los días y Jacinto no volvió a hablar delante de esa maestra, a pesar de las bondadosas zalamerías con que ella trató de seducirlo. Acudió, preocupada, al Gabinete Psicopedagógico, de donde citaron al padre de la criatura.

—¿Usted sabe lo que le pasa a Jacinto?
—Creo que sí —respondió tranquilamente el padre—: sabe mejor que otros niños el valor de su palabra.
—No comprendo... ¿Puede explicarme por qué calla?
—Mi esposa, su madre, es sordomuda. Por su carencia, Jacinto sabe lo que vale la palabra...

Nota: publiqué este relato en otro sitio en el 2013.​
Imagina Jorge lo que significa eso para un niño de las condiciones de Jacinto, si cuando yo entré a trabajar a mi primer sitio laboral, llegué y dije buenos días el primer día después de que me presentaran al equipo de trabajo, por alguna razón que no vale la pena exponer, no le caí bien a la jefe y sus secuaces, así que no me respondieron mi saludo, dos días más intenté saludar y fue lo mismo, durante diez años trabajé en esa empresa, por suerte solo dos en esa oficina, pero nunca volví a saludar, pasaba por una oficina de trece personas y mi escritorio estaba casi al fondo, sin decir buenos días, me sentaba tranquilamente como si no hubiese nadie y comenzaba mis labores, nada cómodo pero se aprende el precio de la palabra y la ignorancia de los demás.
Muy triste. Bueno con esta experiencia más que contar la propia, quise resaltar ese precio para un niño de su calidad, si en mi caso que ya era universitaria tuvo ese impacto.
Excelente micro, para reflexionar.
un fuerte abrazo y me dio gusto volver a pasar por tu espacio, con todo respeto,

ligiA
 

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