La visitante curiosa.
En mi balcón te posas cada día
y, curiosa, me observas fijamente,
pareces preguntarme: ¿qué se siente?
¿padeces por amor, melancolía?
Hoy, al verte llegar sin compañía
y buscando el arrullo del ausente,
supe que comprendiste de repente
la causa del dolor y pena mía.
Mi pequeña y curiosa visitante,
hoy comparto tu enorme desconsuelo,
sé, que la vida cambia en un instante.
¡Que no quiebre tus alas este duelo!
ni detenga, la ausencia de tu amante,
la nueva singladura de tu vuelo.
Archivos adjuntos
Última edición: