Camy
Camelia Miranda
Que marco tan perfecto de la noche.
Coincidencia, agasajo;
un preámbulo goteando complicidad
al borde de nuestros labios…
Y estrenando como primicia:
tu mirada:
volátil, calmosa,
detonante y decidida.
Tremenda, ante la expectación
y al recorrido de la senda,
de cada surco expuesto,
del frenesí para luminar
las sombras a su paso.
In crescendo,
izaba ante sí,
el jardín merecido.
Y cautiva mi piel,
en ofrenda;
copuló con el manifiesto deseo,
guiada por la rúbrica de tu voz;
una oda que atizó fogatas en las lomas,
desencadenando ríos de humedad
y marcando acentos en la hierba,
como por tácito acuerdo al clamor
y a la apostilla que enaltecía
el tránsito de nuestras manos.
Sedientos, inmersos,
en el estallido que fue coronando sin medida
rótulos de querencias a dúo,
germinando un vuelo de aromas,
indeleble y absoluto al roce rítmico…
orquestando la delicia por primera vez.