Adri García
Poeta recién llegado
Ayer soñé contigo y, ¿sabes?, ese momento me hizo volver a sentir vivo,
igual que, como explicarte, un candil que se torna tenue,
pero inexplicablemente es reavivado por el suave roce de una llamarada.
Tú ibas caminando con esa sonrisa tan característica
y bien erguida y yo, a tu lado, con la cabeza baja
esbozando una leve mueca para disimular la falta de ingenio
a la hora de iniciar un tema de conversación, hasta que finalmente
mis labios enmudecían el silencio y tus oídos escuchaban,
recorriendo unos escasos 5 metros hasta que
la situación se volvía opuesta
y tus labios enmudecían el silencio y mis oídos escuchaban.
Qué bonito fue hallarte de nuevo, a pesar de la brevedad de la fantasía,
solo ser consciente de que puedo haberte visto, quizá,
por última vez ya merece la pena.
Ayer soñé contigo y, ¿sabes?, a estas alturas todavía no sé a ciencia cierta
si lo peor fue la alegría interna
y la sensación de cariño experimentada durante todo el día
o la melancolía depositada en mis brazos
por las distancias de nuestros destinos.
igual que, como explicarte, un candil que se torna tenue,
pero inexplicablemente es reavivado por el suave roce de una llamarada.
Tú ibas caminando con esa sonrisa tan característica
y bien erguida y yo, a tu lado, con la cabeza baja
esbozando una leve mueca para disimular la falta de ingenio
a la hora de iniciar un tema de conversación, hasta que finalmente
mis labios enmudecían el silencio y tus oídos escuchaban,
recorriendo unos escasos 5 metros hasta que
la situación se volvía opuesta
y tus labios enmudecían el silencio y mis oídos escuchaban.
Qué bonito fue hallarte de nuevo, a pesar de la brevedad de la fantasía,
solo ser consciente de que puedo haberte visto, quizá,
por última vez ya merece la pena.
Ayer soñé contigo y, ¿sabes?, a estas alturas todavía no sé a ciencia cierta
si lo peor fue la alegría interna
y la sensación de cariño experimentada durante todo el día
o la melancolía depositada en mis brazos
por las distancias de nuestros destinos.