LA LUZ QUEBRADA DEL ESPEJO ILUMINA LAS ROSAS MUERTAS
Extinguidos ya sus rojos aromas
las rosas se abandonan a la muerte irrenunciable,
los lánguidos pétalos caen al atardecer
como extrañas escamas o murciélagos de sedosas alas
Sólo la luz rota del espejo sin edad ilumina sus muertes.
Por la ventana entreabierta las nubes fatigadas
lloran débiles lluvias de espectros
deshechos en el filtro vaporoso de los visillos raídos.
La belleza de las niñas que jugaban a la rueda
se apaga al mirarse en el agua de la fuente
y los gallos retrasaron la hora de su canto
para hacer más fúnebre la madrugada.
Qué vida tiene la muerte cuando llega.
Qué filosa guadaña blande frente a las estatuas impávidas.
Qué levedad las rosas que agonizan
sin más luz que la del antiguo espejo.
se apaga al mirarse en el agua de la fuente
y los gallos retrasaron la hora de su canto
para hacer más fúnebre la madrugada.
Qué vida tiene la muerte cuando llega.
Qué filosa guadaña blande frente a las estatuas impávidas.
Qué levedad las rosas que agonizan
sin más luz que la del antiguo espejo.
En la vieja ciudad, hecha de plata y silencio,
robados ya los blancos aromas del jazmín
y las rojas fragancias de las rosas ofrecidas como incienso
las chirimías hacen coro a las canciones y los versos.
Cómo se remueven los pétreos pavimentos
y se inclinan susurrantes las celosías de los viejos conventos.
Bajo las piedras renacen las rosas nuevas.
Tras las densas celosías, los aromas de los dulces recién hechos.
robados ya los blancos aromas del jazmín
y las rojas fragancias de las rosas ofrecidas como incienso
las chirimías hacen coro a las canciones y los versos.
Cómo se remueven los pétreos pavimentos
y se inclinan susurrantes las celosías de los viejos conventos.
Bajo las piedras renacen las rosas nuevas.
Tras las densas celosías, los aromas de los dulces recién hechos.
Fueron mis amantes, sí, las mejores rosas rojas, las de los más claros ojos.
Murieron agostadas por la frialdad de mi pecho
y sus rojas fragancias en otros altares se esparcieron.
Ahora quieren volver; ahora que mis manos sólo piedras saben acariciar.
La ciudad sigue muriendo en el tiempo.
Cantan claros añafiles su canción hecha de oscuro silencio
y las alas circunflejas de las golondrinas negras
trizan en el aire azul los espejos de los que nace la luz,
esa luz quebrada y tenue que ilumina las rosas muertas.
Murieron agostadas por la frialdad de mi pecho
y sus rojas fragancias en otros altares se esparcieron.
Ahora quieren volver; ahora que mis manos sólo piedras saben acariciar.
La ciudad sigue muriendo en el tiempo.
Cantan claros añafiles su canción hecha de oscuro silencio
y las alas circunflejas de las golondrinas negras
trizan en el aire azul los espejos de los que nace la luz,
esa luz quebrada y tenue que ilumina las rosas muertas.
Ilust.: “Ángel” by Oleg Oprisco. De Pinterest.
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