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Claudia y la excelencia...

Lirae

Poeta que considera el portal su segunda casa
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Hacia muchos días que no sabia nada de Claudia. Me he acostumbrado tanto a ella y sus historias que, cuando no aparece, siento que algo me falta, que algo nos falta.
He dejado mi correo durante días abierto, y de pronto hoy, cuando escuché el sonido de mensaje recibido , mientras iba a mirar, deseaba con toda el alma que fuera de ella…
Y así ha sido…
Mi amada amiga Claudia, me vuelve a tener en cuenta, para contarme esas cosas que, no se atreve a contar a nadie más...
Estas son sus palabras, no las mías...

Entre a casa sin llamar, la puerta estaba entreabierta. Escuché sonidos de voces, de risas y de fiesta.
Caminé por los pasillos observando que todo había sido rodado de sitio, maltratado, roto, menospreciado.
Todas mis cosas, mis recuerdos, mis tesoros, habían sido despreciados por gente que yo ni siquiera conocía.
Alguien había tomado el mando de mi casa, sin que yo le diera el cetro. Seguí buscando, para ver si había alguna habitación que aun fuera habitable, que aun conservará aquello en lo que yo me había esforzado en convertirla. Un hogar, mi hogar, con mi forma, a mi manera...Pero todo me era ajeno.
Aun, me llegué a plantear si no me había equivocado de casa, pues hasta las paredes me expulsaban. Pero era mi casa, amaba aquel lugar, aun así, destrozado y mancillado por manos ajenas, amaba aquel lugar.
Me parecía en esos momentos tan débil, tan perdido, que no pude reprocharle el que no se hubiera revelado contra aquella atrocidad. Bajé las escaleras hacia otro piso, me envolvía la esperanza de que allí, no hubiera llegado la barbarie, mas no duro nada mi ilusión, tan desconocido estaba que, sentí miedo de avanzar, pues el lugar se había convertido en tétrico, sus paredes lloraban sobre humedad verde, enraizada, como salida del alma...No pude cruzar el umbral de las habitaciones de abajo, habían sido las mas limpias, las mas mimadas. Sin embargo, ahora eran las mas ultrajadas, esos lugares profundos, que escondí y guardé, que tomé como mi castillo en algunas ocasiones, donde me desnudé de prejuicios, preparadas para días especiales, habían sido , especialmente heridas.
Mis ojos eran como ríos, apenas encontraba la puerta de salida…
Reconocí a algunas personas, y me pregunté, por qué no me habían ayudado a guardar mi casa.

Salí para tomar aliento, sin rumbo fijo, mas me sorprendió ver que aun el camino había cambiado, palpe mi carne, por si era yo el fantasma, por si todo lo anterior era producto de mi imaginación. Mas no quise hacer caso a esos pensamientos que en otros momentos debilitaron mi mente,…
Comencé a caminar para encontrar una explicación cuerda, y me subí a lo alto de una montaña, donde había desaparecido la bruma. Al menos , pensé, conservaba mi ropa, mis viejos vaqueros, mi camiseta favorita, y mis zapatos medio desgastados...Busqué allí al Arquitecto de mi vivienda. Me invitó a sentarme, y me dio una carta mientras me servia una vaso de agua y un trozo de pan...No puedo explicar como, mis ropas habían cambiado, sonreí, porque no era mi forma de vestir, mas, pensé, así le gusta a mi Arquitecto.
Estaba perfectamente vestida, mis cabellos que nunca peino, estaban como si hubieran pasado por las manos del mejor peluquero.
Quise bajar, y poner orden en mi casa...mas caí en la cuenta de que al fin, eran solo paredes, y que lo mas hermoso de ella, los recuerdos, las vivencias, lo que allí haba aprendido lo conservaba...Ella, como mi piel, se desvanecería, pero, lo autentico del hogar, viviría eternamente…
Y ese hogar, amiga mía, ese hogar, soy yo.

Quizá todo lo he perdido, y lo poco que me queda, quizá, también lo perderé...pero el Arquitecto de mi vivienda y su gracia, siguen conmigo...y eso me es suficiente.

SHA. (Gracias, Claudia)
 
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Hacia muchos días que no sabia nada de Claudia. Me he acostumbrado tanto a ella y sus historias que, cuando no aparece, siento que algo me falta, que algo nos falta.
He dejado mi correo durante días abierto, y de pronto hoy, cuando escuché el sonido de mensaje recibido , mientras iba a mirar, deseaba con toda el alma que fuera de ella…
Y así ha sido…
Mi amada amiga Claudia, me vuelve a tener en cuenta, para contarme esas cosas que, no se atreve a contar a nadie más...
Estas son sus palabras, no las mías...

Entre a casa sin llamar, la puerta estaba entreabierta. Escuché sonidos de voces, de risas y de fiesta.
Caminé por los pasillos observando que todo había sido rodado de sitio, maltratado, roto, menospreciado.
Todas mis cosas, mis recuerdos, mis tesoros, habían sido despreciados por gente que yo ni siquiera conocía.
Alguien había tomado el mando de mi casa, sin que yo le diera el cetro. Seguí buscando, para ver si había alguna habitación que aun fuera habitable, que aun conservará aquello en lo que yo me había esforzado en convertirla. Un hogar, mi hogar, con mi forma, a mi manera...Pero todo me era ajeno.
Aun, me llegué a plantear si no me había equivocado de casa, pues hasta las paredes me expulsaban. Pero era mi casa, amaba aquel lugar, aun así, destrozado y mancillado por manos ajenas, amaba aquel lugar.
Me parecía en esos momentos tan débil, tan perdido, que no pude reprocharle el que no se hubiera revelado contra aquella atrocidad. Bajé las escaleras hacia otro piso, me envolvía la esperanza de que allí, no hubiera llegado la barbarie, mas no duro nada mi ilusión, tan desconocido estaba que, sentí miedo de avanzar, pues el lugar se había convertido en tétrico, sus paredes lloraban sobre humedad verde, enraizada, como salida del alma...No pude cruzar el umbral de las habitaciones de abajo, habían sido las mas limpias, las mas mimadas. Sin embargo, ahora eran las mas ultrajadas, esos lugares profundos, que escondí y guardé, que tomé como mi castillo en algunas ocasiones, donde me desnudé de prejuicios, preparadas para días especiales, habían sido , especialmente heridas.
Mis ojos eran como ríos, apenas encontraba la puerta de salida…
Reconocí a algunas personas, y me pregunté, por qué no me habían ayudado a guardar mi casa.

Salí para tomar aliento, sin rumbo fijo, mas me sorprendió ver que aun el camino había cambiado, palpe mi carne, por si era yo el fantasma, por si todo lo anterior era producto de mi imaginación. Mas no quise hacer caso a esos pensamientos que en otros momentos debilitaron mi mente,…
Comencé a caminar para encontrar una explicación cuerda, y me subí a lo alto de una montaña, donde había desaparecido la bruma. Al menos , pensé, conservaba mi ropa, mis viejos vaqueros, mi camiseta favorita, y mis zapatos medio desgastados...Busqué allí al Arquitecto de mi vivienda. Me invitó a sentarme, y me dio una carta mientras me servia una vaso de agua y un trozo de pan...No puedo explicar como, mis ropas habían cambiado, sonreí, porque no era mi forma de vestir, mas, pensé, así le gusta a mi Arquitecto.
Estaba perfectamente vestida, mis cabellos que nunca peino, estaban como si hubieran pasado por las manos del mejor peluquero.
Quise bajar, y poner orden en mi casa...mas caí en la cuenta de que al fin, eran solo paredes, y que lo mas hermoso de ella, los recuerdos, las vivencias, lo que allí haba aprendido lo conservaba...Ella, como mi piel, se desvanecería, pero, lo autentico del hogar, viviría eternamente…
Y ese hogar, amiga mía, ese hogar, soy yo.

Quizá todo lo he perdido, y lo poco que me queda, quizá, también lo perderé...pero el Arquitecto de mi vivienda y su gracia, siguen conmigo...y eso me es suficiente.

SHA. (Gracias, Claudia)
Son recuerdos de esa otra vida que desdibujados, desteñidos y rompiéndose a pedazos habitan dentro de ti. Saludos cordiales para ambas.
 

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