JoanUribe
Poeta recién llegado
¿Sabes? Podemos durar sentados solo una hora, o una tarde entera
y al final me da lo mismo, porque igual tenemos que marcharnos;
podemos caminar sin rumbo fijo y escucharnos
pero de todos modos me tendré que despedir desde la acera
para volver de nuevo al cuarto, someterme a la espera
y encerrarme sin saber exactamente cuándo volveremos a encontrarnos.
Y desde allí pensar que cada uno de los días son unas cadenas
porque entre más avanzan, más me ato a tu figura;
y develar que imagino realidades que sé que son ajenas
en donde debo recordar que no eres mía para mantener la compostura.
¿Sabes? Hay momentos en los que no puedo escuchar lo que las fantasías murmuran
porque si las dejo avanzar como deseen, la verdad las frena.
Y todo eso, amor, nunca sucede en vano
porque cuando el deseo abre una puerta, el azar quiere cerrarla;
pues no me basta recrear una utopía solamente con soñarla
porque de todas formas me tendré que despertar tarde o temprano;
da lo mismo, amor, cumplir de forma efímera el anhelo de tomarte de la mano
si sé que lo primero que se te pasa por la mente es que tienes que soltarla.
Y entonces reniego que las horas sean cortas cuando estamos juntos
porque el tiempo que dura el espejismo de tenerte siempre será mucho más largo,
porque no puedo juntar valor para cambiar las cosas, ni mucho menos para hacerme cargo
y porque cuando te vas debo vivir de nuevo la monotonía de volver a mis asuntos.
¿Sabes? En medio de lo efímero de nuestro instante quiero que comprendas todo, y sin embargo
rehuir de la verdad es lo que hago cuando tratas de unir todos los puntos.
Y cuando estoy a solas, en cambio el tiempo transcurre como se le da la gana,
por eso, a veces es tan lento que incluso el día mismo se cansa de estar presente;
tan interminable que cada vez que llegas de repente a mi mente
de lejos se nota que la noche no deja avanzar el alba de la mañana.
Es absurdo, amor, que tantas cosas necesiten que estés cercana
que, de hecho, hasta el devenir del tiempo requiere que no te encuentres ausente.
Y si en el instante en que te halles a mi lado a los segundos se los lleva el viento
solo puedo anhelar que para la próxima vez posea un poco más de suerte,
que para la siguiente vez que quieras despedirte, en cambio, desees abstenerte
y que el tiempo, en vez de ser un problema, sea un complemento.
Así que igualmente da lo mismo maldecir que al estar contigo sea efímero el momento
si cuando no estás presente quiero que el reloj avance igual de rápido para volver a verte.
y al final me da lo mismo, porque igual tenemos que marcharnos;
podemos caminar sin rumbo fijo y escucharnos
pero de todos modos me tendré que despedir desde la acera
para volver de nuevo al cuarto, someterme a la espera
y encerrarme sin saber exactamente cuándo volveremos a encontrarnos.
Y desde allí pensar que cada uno de los días son unas cadenas
porque entre más avanzan, más me ato a tu figura;
y develar que imagino realidades que sé que son ajenas
en donde debo recordar que no eres mía para mantener la compostura.
¿Sabes? Hay momentos en los que no puedo escuchar lo que las fantasías murmuran
porque si las dejo avanzar como deseen, la verdad las frena.
Y todo eso, amor, nunca sucede en vano
porque cuando el deseo abre una puerta, el azar quiere cerrarla;
pues no me basta recrear una utopía solamente con soñarla
porque de todas formas me tendré que despertar tarde o temprano;
da lo mismo, amor, cumplir de forma efímera el anhelo de tomarte de la mano
si sé que lo primero que se te pasa por la mente es que tienes que soltarla.
Y entonces reniego que las horas sean cortas cuando estamos juntos
porque el tiempo que dura el espejismo de tenerte siempre será mucho más largo,
porque no puedo juntar valor para cambiar las cosas, ni mucho menos para hacerme cargo
y porque cuando te vas debo vivir de nuevo la monotonía de volver a mis asuntos.
¿Sabes? En medio de lo efímero de nuestro instante quiero que comprendas todo, y sin embargo
rehuir de la verdad es lo que hago cuando tratas de unir todos los puntos.
Y cuando estoy a solas, en cambio el tiempo transcurre como se le da la gana,
por eso, a veces es tan lento que incluso el día mismo se cansa de estar presente;
tan interminable que cada vez que llegas de repente a mi mente
de lejos se nota que la noche no deja avanzar el alba de la mañana.
Es absurdo, amor, que tantas cosas necesiten que estés cercana
que, de hecho, hasta el devenir del tiempo requiere que no te encuentres ausente.
Y si en el instante en que te halles a mi lado a los segundos se los lleva el viento
solo puedo anhelar que para la próxima vez posea un poco más de suerte,
que para la siguiente vez que quieras despedirte, en cambio, desees abstenerte
y que el tiempo, en vez de ser un problema, sea un complemento.
Así que igualmente da lo mismo maldecir que al estar contigo sea efímero el momento
si cuando no estás presente quiero que el reloj avance igual de rápido para volver a verte.