El rumor de una lágrima brocada
acompaña en tristeza permanente
a los surcos que arrugan hoy su frente
donde vela el dolor a su mirada.
Fue la vida y dejó una puñalada
para herir la palabra con su diente,
y de aquélla mirada transparente
solo queda el silencio de la nada.
Otra vez esa lágrima callada
va inundando el papel indiferente
con agua de esa perla plateada;
y al albor de una nueva madrugada
con su pluma de sueños e indulgente
vuelve a escribir los versos a su amada.
JSS
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