Géminis 48
M.F.P.
No hago sino estar
sentado sólo a un palmo
de ese río que oculta sus aguas y su curso;
limpio de peces, limpio también de piedras.
Existe lo que veo, bajo un sol de cristal:
un conejo que salta raudo, desde mis manos,
luce un color oscuro, viste una piel ya vieja;
un perro, un cisne, un gato,
un murciélago quieto;
un aborigen mudo y dos mujeres prehistóricas
que hablan sin sonido.
Todos son negros, todos, del color de la sombra,
de la sombra chinesca.
Existe todo aquello que ha brotado del suelo
por la humedad del río:
la cándida muchacha que atesora ternura
en su rupestre rostro;
el calvo octogenario de recuerdos cercanos;
el barbudo de un ojo de cristal
y gélida sonrisa.
Todos los lienzos, planos, sin relieve,
como mi polvo leve esparcido en el llano.
Existe todo lo que se refleja
en el agua apresada en vertical,
sobre el río que suena:
un gesto de ansiedad
que se agarra a una gota descendiendo, sin freno;
una mirada húmeda
clavada en el inhóspito
paisaje que imagino;
el vapor de mi aliento, como nube traidora
busca el espejo, ciega sus ojos y los míos.
Todas esas imágenes
son agua convertida en un valle de lágrimas,
un río paralelo al otro río.
Géminis 48
M.F.P.
Febrero 2008
sentado sólo a un palmo
de ese río que oculta sus aguas y su curso;
limpio de peces, limpio también de piedras.
Existe lo que veo, bajo un sol de cristal:
un conejo que salta raudo, desde mis manos,
luce un color oscuro, viste una piel ya vieja;
un perro, un cisne, un gato,
un murciélago quieto;
un aborigen mudo y dos mujeres prehistóricas
que hablan sin sonido.
Todos son negros, todos, del color de la sombra,
de la sombra chinesca.
Existe todo aquello que ha brotado del suelo
por la humedad del río:
la cándida muchacha que atesora ternura
en su rupestre rostro;
el calvo octogenario de recuerdos cercanos;
el barbudo de un ojo de cristal
y gélida sonrisa.
Todos los lienzos, planos, sin relieve,
como mi polvo leve esparcido en el llano.
Existe todo lo que se refleja
en el agua apresada en vertical,
sobre el río que suena:
un gesto de ansiedad
que se agarra a una gota descendiendo, sin freno;
una mirada húmeda
clavada en el inhóspito
paisaje que imagino;
el vapor de mi aliento, como nube traidora
busca el espejo, ciega sus ojos y los míos.
Todas esas imágenes
son agua convertida en un valle de lágrimas,
un río paralelo al otro río.
Géminis 48
M.F.P.
Febrero 2008