VERANO
Busco el silencio
en el seno azul de la bahía.
Entre rocas y arenas
me sumerjo en el mar,
tibio y placentario,
donde rompen en su rostro
los ardientes rayos del sol.
He hollado las arenas ardientes
como las de un desierto dolorido,
que dejaron en mis pies
ásperos recuerdos de ausencias.
Fuera quedan las estridencias,
las humanas voces
y los aullidos del viento.
Los rigores del ardoroso verano
se disuelven como dorados cabellos
y se hacen conmigo misterios.
Acaricio las algas verdinegras
peinadas por nereidas jubilosas
que juegan y se esparcen
entre los brillos del fondo
como cristales de fuego.
Me envuelvo en la tersura del mar,
en su fondo infinito de llamas horizontales.
En este último viaje quiero, mujer, tu compañía,
la de tus ojos como réplicas de orquídeas,
la de tus formas anhelantes y tus latidos de alma tensa,
y la música de tu voz que canta
desde el silencio los más hermosos lieder.
Ven, amada, toma mi mano sin piel
-puro espíritu todavía inmaculado-
Aún podremos alcanzar
la barca de doradas velas,
pues la ofrenda del dulce vino negro
nos espera.
Ilust.: Michael Koven. “Mito.”
Busco el silencio
en el seno azul de la bahía.
Entre rocas y arenas
me sumerjo en el mar,
tibio y placentario,
donde rompen en su rostro
los ardientes rayos del sol.
He hollado las arenas ardientes
como las de un desierto dolorido,
que dejaron en mis pies
ásperos recuerdos de ausencias.
Fuera quedan las estridencias,
las humanas voces
y los aullidos del viento.
Los rigores del ardoroso verano
se disuelven como dorados cabellos
y se hacen conmigo misterios.
Acaricio las algas verdinegras
peinadas por nereidas jubilosas
que juegan y se esparcen
entre los brillos del fondo
como cristales de fuego.
Me envuelvo en la tersura del mar,
en su fondo infinito de llamas horizontales.
En este último viaje quiero, mujer, tu compañía,
la de tus ojos como réplicas de orquídeas,
la de tus formas anhelantes y tus latidos de alma tensa,
y la música de tu voz que canta
desde el silencio los más hermosos lieder.
Ven, amada, toma mi mano sin piel
-puro espíritu todavía inmaculado-
Aún podremos alcanzar
la barca de doradas velas,
pues la ofrenda del dulce vino negro
nos espera.
Ilust.: Michael Koven. “Mito.”