ALYA
Poeta fiel al portal
De a poco se acomoda mi corazón
allá donde se desvanecen los recuerdos,
que antes fueron mi obsesión.
Donde cada herida se vuelve cicatriz que fortalece,
puedo domar el dolor y sonrío,
no es tan grande, no es tan fuerte.
Puedo entender el quebranto,
romper los lazos que atan mi cordura,
desafiar el ímpetu del llanto.
Despacio veo de nuevo mis alas extendidas,
buscando el ancho cielo que me aguarda,
son firmes, son nuevas, sin dolor a las heridas.
La lava amarga de la traición ya no hiere,
el ácido de las mentiras ya no corroe,
lo amargo, lo triste, lo duro, con la luz se muere.
En el gran desierto del abandono,
hay un oasis que me aguarda,
la plenitud de un mañana donde me apoltrono.
Y de a poco se levantan mis pies
a transitar los senderos de la esperanza,
prontos a poseer, toda la mies.
La paz de mi alma que espantaste con tus ojos
vuelve hacia mí, como lluvia en la sequía,
y mis caminos se limpian de tus abrojos.
Ya no le temo al hambre de mi cuerpo por ti,
toda la tierra me sostiene,
todo el universo, dispuesto para mí.
Ya no lamenta mi boca tu ausencia,
el cosmo completo me acompaña,
ya no hay vacíos, que ahoguen mi esencia.
No hay fragilidad en mis manos,
la libertad me fortalece,
la luz y el amor, me son cercanos.
No están vacías mis venas,
la anchura del océano corre en ellas,
restaurando el alma de viejas penas.
No hay furia en los latidos de mi pecho,
el sol y su energía llenan los espacios que dejaste,
entre la paz y mi espíritu , ya no hay trecho.
Soy yo, sin ti, con la plenitud del aire, del mar,
con la fuerza del fuego,
y la profecía de un poema que reinventa el amar.
allá donde se desvanecen los recuerdos,
que antes fueron mi obsesión.
Donde cada herida se vuelve cicatriz que fortalece,
puedo domar el dolor y sonrío,
no es tan grande, no es tan fuerte.
Puedo entender el quebranto,
romper los lazos que atan mi cordura,
desafiar el ímpetu del llanto.
Despacio veo de nuevo mis alas extendidas,
buscando el ancho cielo que me aguarda,
son firmes, son nuevas, sin dolor a las heridas.
La lava amarga de la traición ya no hiere,
el ácido de las mentiras ya no corroe,
lo amargo, lo triste, lo duro, con la luz se muere.
En el gran desierto del abandono,
hay un oasis que me aguarda,
la plenitud de un mañana donde me apoltrono.
Y de a poco se levantan mis pies
a transitar los senderos de la esperanza,
prontos a poseer, toda la mies.
La paz de mi alma que espantaste con tus ojos
vuelve hacia mí, como lluvia en la sequía,
y mis caminos se limpian de tus abrojos.
Ya no le temo al hambre de mi cuerpo por ti,
toda la tierra me sostiene,
todo el universo, dispuesto para mí.
Ya no lamenta mi boca tu ausencia,
el cosmo completo me acompaña,
ya no hay vacíos, que ahoguen mi esencia.
No hay fragilidad en mis manos,
la libertad me fortalece,
la luz y el amor, me son cercanos.
No están vacías mis venas,
la anchura del océano corre en ellas,
restaurando el alma de viejas penas.
No hay furia en los latidos de mi pecho,
el sol y su energía llenan los espacios que dejaste,
entre la paz y mi espíritu , ya no hay trecho.
Soy yo, sin ti, con la plenitud del aire, del mar,
con la fuerza del fuego,
y la profecía de un poema que reinventa el amar.