Lightdown
Poeta recién llegado
“Espera, deja abrir los ojos, aun no despierto,
aun tengo cristales en los oídos odiosos y miseria en mis pupilas,
aun tengo deseos de no revivir.”
Deja que te cuente una historia
de lágrimas que se volvían tuercas en esas camas de metal
de pedazos de esmeralda que confundía con tu pelo
de piedras en los zapatos mientras caminaba a comprar los pasajes
de recuerdos infames y de cristales en los oídos
de las veces que me robabas el sueño y me quedaba viéndote
una luna entera, un suspiro bajo la niebla.
Y de los resfríos cada mañana
de los dolores de espalda que me quitaban el alma
de aquellas maquinas marcando deberes
de aquellos sumisos deberes
de aquel cristal en los oídos
de mil olvidos en mi mente añeja
de la miseria en mis pupilas cansadas
de los resortes tocarme cada mañana.
De las mañanas ficticias
y de los recuerdos cabizbajos
de las pesadillas aquellas
de sabanas que se revolcaban
y de cuerpos invisibles
de gemidos dolorosos
y de imágenes inolvidables
de cabellos largos que no se amaban
pero se tenían en la mente ajena
pero aún seguía aferrado
con los cristales en los oídos
con la miseria en las pupilas
con el alma destruida.
Deja que te cuente una historia
de pasados presentes
de poemas malheridos
de sonrisas falsas y brisas marinas
de dolores eternos
de pastillas y sobredosis
de alcoholes sin terminar
de recuerdos sin borrar
de discos duros sin formatear
de cristales miserables
de pupilas en los oídos
de mejillas recaídas.
De pedir explicaciones
y olvidarte
de que existo
de que vivo
de que no quiero vivir
de que tengo que vivir
de que no quiero despertar
de que debo despertar
de que no sé qué hacer
de que me digas que hacer.
Las aves vuelan en su libertad de existir
¿Que tengo yo para poder vivir?
Deja que te cuente una historia
con la miseria en las pupilas
con el alma destruida.
aun tengo cristales en los oídos odiosos y miseria en mis pupilas,
aun tengo deseos de no revivir.”
Deja que te cuente una historia
de lágrimas que se volvían tuercas en esas camas de metal
de pedazos de esmeralda que confundía con tu pelo
de piedras en los zapatos mientras caminaba a comprar los pasajes
de recuerdos infames y de cristales en los oídos
de las veces que me robabas el sueño y me quedaba viéndote
una luna entera, un suspiro bajo la niebla.
Y de los resfríos cada mañana
de los dolores de espalda que me quitaban el alma
de aquellas maquinas marcando deberes
de aquellos sumisos deberes
de aquel cristal en los oídos
de mil olvidos en mi mente añeja
de la miseria en mis pupilas cansadas
de los resortes tocarme cada mañana.
De las mañanas ficticias
y de los recuerdos cabizbajos
de las pesadillas aquellas
de sabanas que se revolcaban
y de cuerpos invisibles
de gemidos dolorosos
y de imágenes inolvidables
de cabellos largos que no se amaban
pero se tenían en la mente ajena
pero aún seguía aferrado
con los cristales en los oídos
con la miseria en las pupilas
con el alma destruida.
Deja que te cuente una historia
de pasados presentes
de poemas malheridos
de sonrisas falsas y brisas marinas
de dolores eternos
de pastillas y sobredosis
de alcoholes sin terminar
de recuerdos sin borrar
de discos duros sin formatear
de cristales miserables
de pupilas en los oídos
de mejillas recaídas.
De pedir explicaciones
y olvidarte
de que existo
de que vivo
de que no quiero vivir
de que tengo que vivir
de que no quiero despertar
de que debo despertar
de que no sé qué hacer
de que me digas que hacer.
Las aves vuelan en su libertad de existir
¿Que tengo yo para poder vivir?
Deja que te cuente una historia
con la miseria en las pupilas
con el alma destruida.
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