Paco Valiente
Poeta que no puede vivir sin el portal
Se deslizan los labios con ruedas por el cristal sin pulmones,
el reloj nada en el silencio,
amanece en el cielo enladrillado,
las moscas se desnudan en el río,
las esquinas doblan hombres madrugadores,
quizás hoy te encuentre,
camino junto a las voces rezagadas que anoche durmieron en los árboles,
enciendo un cigarrillo que quiere ser mi amigo,
el sol ríe como siempre, tal vez esta mañana te ponga nombre,
las paredes esconden palabras jóvenes, me siento en un banco que aun duerme,
los gorriones entrenan para las olimpiadas, los tejados en pijama desayunan nubes,
te dibujo en una baldosa perezosa, las hormigas recolectan patatas fritas,
entro en un bar que no me conoce, té negro con melancolía,
unos ojos verdes me atrapan, podrían ser los tuyos pero no,
salgo del bar pensándote toda, una canción me roba una sonrisa,
para los transeúntes solo soy huellas que van hacia ninguna parte,
un tranvía me adelanta por la derecha,
siento que se repite esta mañana en las mismas miradas de siempre,
en los mismos ecos vagabundos que trepan por las fachadas,
nunca te he visto fuera de mí porque en mis sueños te he creado,
la ciudad es mi escenario cómplice, el reloj mi enemigo acompañante,
siempre he querido quererte,
te escribo y te pienso saboreando el futuro que invento,
las palabras son refugio, los poemas mañanas, tardes, noches y madrugadas,
no necesito más, una hoja en blanco y una mirada que me hable.
el reloj nada en el silencio,
amanece en el cielo enladrillado,
las moscas se desnudan en el río,
las esquinas doblan hombres madrugadores,
quizás hoy te encuentre,
camino junto a las voces rezagadas que anoche durmieron en los árboles,
enciendo un cigarrillo que quiere ser mi amigo,
el sol ríe como siempre, tal vez esta mañana te ponga nombre,
las paredes esconden palabras jóvenes, me siento en un banco que aun duerme,
los gorriones entrenan para las olimpiadas, los tejados en pijama desayunan nubes,
te dibujo en una baldosa perezosa, las hormigas recolectan patatas fritas,
entro en un bar que no me conoce, té negro con melancolía,
unos ojos verdes me atrapan, podrían ser los tuyos pero no,
salgo del bar pensándote toda, una canción me roba una sonrisa,
para los transeúntes solo soy huellas que van hacia ninguna parte,
un tranvía me adelanta por la derecha,
siento que se repite esta mañana en las mismas miradas de siempre,
en los mismos ecos vagabundos que trepan por las fachadas,
nunca te he visto fuera de mí porque en mis sueños te he creado,
la ciudad es mi escenario cómplice, el reloj mi enemigo acompañante,
siempre he querido quererte,
te escribo y te pienso saboreando el futuro que invento,
las palabras son refugio, los poemas mañanas, tardes, noches y madrugadas,
no necesito más, una hoja en blanco y una mirada que me hable.