prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
"¿Para qué has comprado ese telescopio
si ha llegado la epoca de lluvias,
si el consentimiento mutuo a la degradación
siempre coincide con un pantano de cartas sin abrir
donde los banqueros se la dan de ángeles
y los ángeles de banqueros?"
Para mirar tus lunares, quise decir
pero recordé que los sábados tu cuerpo se hacía de mármol,
tal vez porque tu madre murió un sábado,
un sábado como un lunar del tiempo que de repente empezó a sangrar,
y no tuvisteis dinero para enterrarla apropiadamente,
el cura no se desplazó a vuestra casa
situada donde el pueblo se confundía con los residuos tóxicos
de una fábrica de binoculares.
Odiabas ese tipo de instrumentos
con los que uno se burla de la distancia,
tenías un miedo terrible a las estrellas
sobre todo a las que corren de un siglo para otro,
no las quiero ver de cerca, decías,
mejor bésame.
El olor a quemado de los tanques entraba por la ventana.
"No te asustes, hay un desfile militar."
Era hermoso tu cuerpo cuando alucinabas,
hermoso como diez zorras que se reúnen
frente a un riachuelo para beber su alma.
Te encogías de bajo de la mesa,
y te quedabas allí
hasta que la película se acababa.
si ha llegado la epoca de lluvias,
si el consentimiento mutuo a la degradación
siempre coincide con un pantano de cartas sin abrir
donde los banqueros se la dan de ángeles
y los ángeles de banqueros?"
Para mirar tus lunares, quise decir
pero recordé que los sábados tu cuerpo se hacía de mármol,
tal vez porque tu madre murió un sábado,
un sábado como un lunar del tiempo que de repente empezó a sangrar,
y no tuvisteis dinero para enterrarla apropiadamente,
el cura no se desplazó a vuestra casa
situada donde el pueblo se confundía con los residuos tóxicos
de una fábrica de binoculares.
Odiabas ese tipo de instrumentos
con los que uno se burla de la distancia,
tenías un miedo terrible a las estrellas
sobre todo a las que corren de un siglo para otro,
no las quiero ver de cerca, decías,
mejor bésame.
El olor a quemado de los tanques entraba por la ventana.
"No te asustes, hay un desfile militar."
Era hermoso tu cuerpo cuando alucinabas,
hermoso como diez zorras que se reúnen
frente a un riachuelo para beber su alma.
Te encogías de bajo de la mesa,
y te quedabas allí
hasta que la película se acababa.