Francisco de Torres
Poeta asiduo al portal
Mujer de otoño, clara, limpia, pura,
como ese cielo purísimo que corona tu frente.
Mujer, sólo mujer, tierna amante,
que cubres con tu sombra el crepúsculo
de la tarde.
Te amo, ¡oh! sí, te amo...
Mujer de verdes ojos, de hojas marchitas
que rodean tu cintura de porcelana virgen.
La tarde cae, se adormece
en tus sueños de crepúsculos tristes.
Te amo, mientras las últimas hojas del otoño
me dicen tu nombre, y te vistes de colores mustios
y un eco meláncolico besa tus labios.
Mujer, engendradora de deseos.
Amarte en esta tarde
en que el otoño viste los campos,
y la luz del crepúsculo ilumina tus cabellos,
es encontrar la paz que tanto anhelo.
Alcanzar la luna con del deseo
de tus besos
Y despertar en ti, fuente primigenia,
corazón puro, hasta llegar
a la vertical de tus sueños.
De mi libro "La esposa amante"
como ese cielo purísimo que corona tu frente.
Mujer, sólo mujer, tierna amante,
que cubres con tu sombra el crepúsculo
de la tarde.
Te amo, ¡oh! sí, te amo...
Mujer de verdes ojos, de hojas marchitas
que rodean tu cintura de porcelana virgen.
La tarde cae, se adormece
en tus sueños de crepúsculos tristes.
Te amo, mientras las últimas hojas del otoño
me dicen tu nombre, y te vistes de colores mustios
y un eco meláncolico besa tus labios.
Mujer, engendradora de deseos.
Amarte en esta tarde
en que el otoño viste los campos,
y la luz del crepúsculo ilumina tus cabellos,
es encontrar la paz que tanto anhelo.
Alcanzar la luna con del deseo
de tus besos
Y despertar en ti, fuente primigenia,
corazón puro, hasta llegar
a la vertical de tus sueños.
De mi libro "La esposa amante"