Las huellas en un mar de tierra

Teo Moran

Poeta fiel al portal
La tarde se complace con las aves marinas
que decaen ante el declinar del viento,
son parte de unos imprecisos aleteos
que se derrumban y después emergen
con el gotear de la lluvia en la ventana.
Son esferas cristalinas que se rompen
por entre los pliegues de unos callejones
donde los recuerdos se vuelven esencias
de unas almas olvidadas y perdidas.
Veo en el largo caminar a las copas agitarse
y moverse con lentitud, con la cadencia
que le otorga la marea inconstante del mar,
en ese mar aéreo que perfuma con sus olas
las debilidades de las hojas enmarañadas
unidas en el desdén de un rumor invisible.
Veo como cambia su piel constantemente
tornando sus hojas vedes para después plomizas
para cambiar de nuevo, con calma, a un azul marino
donde las aves navegan con sus plumas afiladas
en las olas de un océano de tierra y de silencio.
Mis piernas malditas son solo jirones sueltos,
mis brazos témpanos de impasible hielo,
pero mi alma grita y lucha ante aquella mar
que llega intempestiva con sus olas perfumadas
agitando la copa de los árboles con su cadencia
dando a sus hojas las tonalidades de nuestro amor,
la hierba que se apropia con su melena de sus huellas
y con su tirabuzón dibuja las líneas de sus labios,
mas zozobro en las aguas cristalinas del viento
viendo partir a las aves en busca del mar de su alma
mientras las copas danzan en el océano del cielo
y sus hojas se divierten enredadas en sus aguas
donde soy una ola rendida que fue a su encuentro.
 
Metafórico poema lleno de insinuantes imágenes para expresar el estado de un corazón que persigue la búsqueda de ese amor que se presenta como un fugitivo al que se persigue.

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La tarde se complace con las aves marinas
que decaen ante el declinar del viento,
son parte de unos imprecisos aleteos
que se derrumban y después emergen
con el gotear de la lluvia en la ventana.
Son esferas cristalinas que se rompen
por entre los pliegues de unos callejones
donde los recuerdos se vuelven esencias
de unas almas olvidadas y perdidas.
Veo en el largo caminar a las copas agitarse
y moverse con lentitud, con la cadencia
que le otorga la marea inconstante del mar,
en ese mar aéreo que perfuma con sus olas
las debilidades de las hojas enmarañadas
unidas en el desdén de un rumor invisible.
Veo como cambia su piel constantemente
tornando sus hojas vedes para después plomizas
para cambiar de nuevo, con calma, a un azul marino
donde las aves navegan con sus plumas afiladas
en las olas de un océano de tierra y de silencio.
Mis piernas malditas son solo jirones sueltos,
mis brazos témpanos de impasible hielo,
pero mi alma grita y lucha ante aquella mar
que llega intempestiva con sus olas perfumadas
agitando la copa de los árboles con su cadencia
dando a sus hojas las tonalidades de nuestro amor,
la hierba que se apropia con su melena de sus huellas
y con su tirabuzón dibuja las líneas de sus labios,
mas zozobro en las aguas cristalinas del viento
viendo partir a las aves en busca del mar de su alma
mientras las copas danzan en el océano del cielo
y sus hojas se divierten enredadas en sus aguas
donde soy una ola rendida que fue a su encuentro.
Me ha gustado, bello poema de sugerentes y hermosas imágenes para una busqueda interior que anhela amar y lo siente en sus bellos versos que se fusionan con su entorno vital y poético. Felicidades amigo Oskar, me parece una gran obra. Un abrazo. Paco.
 

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