Desilusiónate primero

Rey de la Patagonia

Poeta adicto al portal
Desilusiónate primero

para después enamorarte de mí,

acúsame de todo

que de todo soy culpable,

yo rompí los floreros

yo deshoje todas las flores

yo apague las velas de tus ojos

yo me perdí en una noche de silencio

en los vidrios.


Acúsame de todo, olvídame pronto

desilusiónate primero

para después enamorarte de mí,

callado en mi silencio de murciélagos durmiendo

trato de afinar la vida con las cuerdas que me quedan,

embísteme fuerte con ese desdén de días,

que si no caigo hoy por la noche

ya lo haré mañana de día.


Olvídame pronto y hazme daño

abandóname tras las cortinas de la vida,

lo merezco y rezo al dañino Dios del olvido

por mas dolor y mas melancolía,

si te hablo no me prestes tu oído

si te escribo no habrás mis cartas,

si sientes que lloro alguna vez

has igual como a los perros tristes

que lloran por las noches,

ya el viento se llevara sus sollozos

y la escarcha enfriara sus lagrimas.


Ignórame tanto como puedas,

resiste, ódiame

maldíceme con vehemencia gitana,

si te miro alguna vez

convierte en clavos cortantes

tus ojos verdes

para que sean clavos verdes en mi frente,

desilusiónate primero

para después enamorarte de mí,

soy culpable de todo

y tristeza de perro ahorca mi cuello

desbástame, arrasa con todas mis esperanzas

con tu temporal de silencio,

merezco la desesperación que viola mi cama

merezco mirar tu recuerdo como si fuera

un Cristo arrojado al suelo.


Desilusiónate primero

para después amarme de nuevo,

ódiame un momento pequeño

sin olvidarte de mí,

soy culpable de todo

incluso de amarte así.
 
Última edición:
Desilusiónate primero

para después enamorarte de mí,

acúsame de todo

que de todo soy culpable,

yo rompí los floreros

yo deshoje todas las flores

yo apague las velas de tus ojos

yo me perdí en una noche de silencio

en los vidrios.


Acúsame de todo, olvídame pronto

desilusiónate primero

para después enamorarte de mí,

callado en mi silencio de murciélagos durmiendo

trato de afinar la vida con las cuerdas que me quedan,

embísteme fuerte con ese desdén de días,

que si no caigo hoy por la noche

ya lo haré mañana de día.


Olvídame pronto y hazme daño

abandóname tras las cortinas de la vida,

lo merezco y rezo al dañino Dios del olvido

por mas dolor y mas melancolía,

si te hablo no me prestes tu oído

si te escribo no habrás mis cartas,

si sientes que lloro alguna vez

has igual como a los perros tristes

que lloran por las noches,

ya el viento se llevara sus sollozos

y la escarcha enfriara sus lagrimas.


Ignórame tanto como puedas,

resiste, ódiame

maldíceme con vehemencia gitana,

si te miro alguna vez

convierte en clavos cortantes

tus ojos verdes

para que sean clavos verdes en mi frente,

desilusiónate primero

para después enamorarte de mí,

soy culpable de todo

y tristeza de perro ahorca mi cuello

desbástame, arrasa con todas mis esperanzas

con tu temporal de silencio,

merezco la desesperación que viola mi cama

merezco mirar tu recuerdo como si fuera

un Cristo arrojado al suelo.


Desilusiónate primero

para después amarme de nuevo,

ódiame un momento pequeño

sin olvidarte de mí,

soy culpable de todo

incluso de amarte así.
Bello en su propuesta y original en su idea, me ha gustado mucho amigo Rey. Un abrazo. Paco.
 
En esa ambiguedad aparente de culpabilidad se esconde entre líneas un llamado al sentimiento fervoroso de ser la razón que viva en el corazón de la amada. Original manera de plantear un historia de amor intensa. Un cordial saludo. Que la vida te sea plena en todos los sentidos. Hast pronto.
 

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