Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
El aire silba en verso,
como si fuesen ya dos poemas sin música.
El romance, la fuga del estremecimiento.
La caricia renueva los reflejos.
Como si del cristal fuésemos dos furtivos
dueños, carne sin patria ni reparos,
carne de mercenarios,
se desangra el nudillo a manos de la luz.
Sin buscar controversias, se oscurecen las letras,
que al calor del papel te clavan en mi cruz.
Todo ha sido un dibujo,
una broma macabra, un chiste inoportuno.
La goma de borrarte se estira hasta temblar.
Como un cuento de hadas, luce este disparate:
«El amor no consiste nunca en el qué dirán»
como si fuesen ya dos poemas sin música.
El romance, la fuga del estremecimiento.
La caricia renueva los reflejos.
Como si del cristal fuésemos dos furtivos
dueños, carne sin patria ni reparos,
carne de mercenarios,
se desangra el nudillo a manos de la luz.
Sin buscar controversias, se oscurecen las letras,
que al calor del papel te clavan en mi cruz.
Todo ha sido un dibujo,
una broma macabra, un chiste inoportuno.
La goma de borrarte se estira hasta temblar.
Como un cuento de hadas, luce este disparate:
«El amor no consiste nunca en el qué dirán»