Teo Moran
Poeta fiel al portal
Entre las raíces de los juncos en la ribera,
entre los plagios del alma a la luna,
en los senderos de una mortalidad
imperfecta yo me hago efervescente
y me siento dueño de las piedras del río
que con los rigores de esta tarde duele.
¡Aquí aúllo con los vocablos del corazón
que gritan con anhelo tu nombre!
Sé que te ríes de estos torpes pasos
que con titubeo intentan alcanzar
la orilla donde los besos no quieren morir,
y las caricias desnudas de nuestras almas
juegan con el cauce cristalino y frío
junto a los chopos que desnudos sueñan
en la línea inacaba del profundo río,
mas solo soy un torpe que cruza sus aguas
mientras pisa a las piedras con miedo.
Solo soy un reflejo cautivo en su caudal,
en la cadencia y la armonía de sus besos
que inundan con deseo a mi boca,
pero está tan cerca y tan lejos la orilla
por donde paseas con la plagiada luna
que enamorada lleva nuestro secreto,
y aquí, en esta orilla aúllo tu nombre
con la desesperación de la ausencia,
con el temor de mis pies en las aguas frías,
por las agudas piedras que viven en su lecho.
Con los pies desnudos y clavados en el agua
voy con fe y esperanza hasta tu orilla
y aunque duelan las piedras con sus aristas
aullaré tu nombre con las notas del alma
en la cadencia y la armonía del cauce…
entre los plagios del alma a la luna,
en los senderos de una mortalidad
imperfecta yo me hago efervescente
y me siento dueño de las piedras del río
que con los rigores de esta tarde duele.
¡Aquí aúllo con los vocablos del corazón
que gritan con anhelo tu nombre!
Sé que te ríes de estos torpes pasos
que con titubeo intentan alcanzar
la orilla donde los besos no quieren morir,
y las caricias desnudas de nuestras almas
juegan con el cauce cristalino y frío
junto a los chopos que desnudos sueñan
en la línea inacaba del profundo río,
mas solo soy un torpe que cruza sus aguas
mientras pisa a las piedras con miedo.
Solo soy un reflejo cautivo en su caudal,
en la cadencia y la armonía de sus besos
que inundan con deseo a mi boca,
pero está tan cerca y tan lejos la orilla
por donde paseas con la plagiada luna
que enamorada lleva nuestro secreto,
y aquí, en esta orilla aúllo tu nombre
con la desesperación de la ausencia,
con el temor de mis pies en las aguas frías,
por las agudas piedras que viven en su lecho.
Con los pies desnudos y clavados en el agua
voy con fe y esperanza hasta tu orilla
y aunque duelan las piedras con sus aristas
aullaré tu nombre con las notas del alma
en la cadencia y la armonía del cauce…