Para qué amar
si va implícito el olvido;
el añorar sus miradas,
su pelo en la almohada,
las manos trepando-la (-me).
El odio es el límite del amor
uno lleva al otro,
y el otro lleva al uno;
casi como un imán
polos opuestos, pero se necesitan.
Me dice la Razón que (la) olvide,
mientras me lanza besos de otras botellas;
cuando me deshago como un castillo de arena
por las dunas del recuerdo de su pecho.
Me grita la Razón que el hielo se derrite,
igual que aquel reloj de Dalí;
que muero viendo los errores
y las faltas que sí/no cometí.
Le escupo a la Razón mis ganas de sentir,
de vivir;
de conocerme más
y conocerla mejor;
de volver a la armonía de sus ojos
y la proporción de sus caderas.
La Razón acaba de dejar la partida. Fin del juego.
si va implícito el olvido;
el añorar sus miradas,
su pelo en la almohada,
las manos trepando-la (-me).
El odio es el límite del amor
uno lleva al otro,
y el otro lleva al uno;
casi como un imán
polos opuestos, pero se necesitan.
Me dice la Razón que (la) olvide,
mientras me lanza besos de otras botellas;
cuando me deshago como un castillo de arena
por las dunas del recuerdo de su pecho.
Me grita la Razón que el hielo se derrite,
igual que aquel reloj de Dalí;
que muero viendo los errores
y las faltas que sí/no cometí.
Le escupo a la Razón mis ganas de sentir,
de vivir;
de conocerme más
y conocerla mejor;
de volver a la armonía de sus ojos
y la proporción de sus caderas.
La Razón acaba de dejar la partida. Fin del juego.