Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Siempre murmuraba que quería un beso
Y yo como caballero
Le conseguí una lluvia de estrellas,
Un universo para que descansara su sueño
Un trago de agua de los mares de la luna
Y un libro de cocina
Con el que aromo su cuerpo.
En bandeja le ofrecí un manjar con el sabor de mi boca
Una caricia recién horneada puesta en su cuello,
Me miraba con una sonrisa,
Volteaba la mirada
Y con los dedos dibujaba un corazón en el cielo.
Me sentaba de frente a su pecho
Y se hacía la desentendida,
Agitaba los hombros jugando
Y yo…
Tiraba lo que tuviera al suelo
Y la contemplaba mientras iba subiendo
Y siempre velaba la curva de sus rodillas.
Se soltaba el pelo y me preguntaba qué tal se veía
Yo le daba siempre la misma respuesta
“estás mejor cada día”,
Volvía a reír…
Apretaba los labios…
Cerraba los ojos
Y luego fingía que algo se le caía
Para que su escote fuera mi mercenario.
Yo le escribía en un papel
El número de veces que la respiraba,
Ella iba soltando los botones de la blusa,
Yo ponía el aire en frío
Y ella entreabría las piernas
Tentándome como ninguna.
Yo empezaba a secarme el sudor y a abrir mi camisa
Ella llevaba sus brazos atrás y liberaba su peso,
Yo me sentía en la gloria
Cuando distinguía dos lunas
Que me ponían boquiabierto.
Se soltaba el pelo y me preguntaba qué tal se veía
Yo la tomaba en regazos y perfumaba con saliva su cuerpo.
Y yo como caballero
Le conseguí una lluvia de estrellas,
Un universo para que descansara su sueño
Un trago de agua de los mares de la luna
Y un libro de cocina
Con el que aromo su cuerpo.
En bandeja le ofrecí un manjar con el sabor de mi boca
Una caricia recién horneada puesta en su cuello,
Me miraba con una sonrisa,
Volteaba la mirada
Y con los dedos dibujaba un corazón en el cielo.
Me sentaba de frente a su pecho
Y se hacía la desentendida,
Agitaba los hombros jugando
Y yo…
Tiraba lo que tuviera al suelo
Y la contemplaba mientras iba subiendo
Y siempre velaba la curva de sus rodillas.
Se soltaba el pelo y me preguntaba qué tal se veía
Yo le daba siempre la misma respuesta
“estás mejor cada día”,
Volvía a reír…
Apretaba los labios…
Cerraba los ojos
Y luego fingía que algo se le caía
Para que su escote fuera mi mercenario.
Yo le escribía en un papel
El número de veces que la respiraba,
Ella iba soltando los botones de la blusa,
Yo ponía el aire en frío
Y ella entreabría las piernas
Tentándome como ninguna.
Yo empezaba a secarme el sudor y a abrir mi camisa
Ella llevaba sus brazos atrás y liberaba su peso,
Yo me sentía en la gloria
Cuando distinguía dos lunas
Que me ponían boquiabierto.
Se soltaba el pelo y me preguntaba qué tal se veía
Yo la tomaba en regazos y perfumaba con saliva su cuerpo.