Camy
Camelia Miranda
Y corro hasta el vivero de mi vecino,
¡su almendro ha parido la primera solitaria!
Jadeante y con mucha atención la miro
y entonces,
desdeño mi apuro y aún así,
elevo una alabanza
ante la belleza que alcanzo.
Mi vecino sonríe gentil
y tranquiliza desde mi hombro,
pues sabe que dejé las gafas
en algún lugar de mi casa.
(Publicado en Mundo Poesía el 25 de Febrero del 2013)