Consentimiento

Fingal

Poeta adicto al portal
Tengo un egoísmo
como un pilar de hierro y hormigón;
necesario
como las células muertas de mi piel,
como mis dientes,
como mis cuatro colmillos,
como mi digestión omnívora,
como mi puño
que forma parte de la misma mano.

Tengo un egoísmo sentado en el sofá.
Intento hablarle de ti,
de tu cauce seco,
de tu médula mordida,
del hambre, siempre el hambre,
de la tromba de explosivos, la tormenta,
de tu estómago ceñido al pavor,
del peso metálico de los soldados
en tu vientre y en tus sueños,
de tus cuatro paredes de alambrada,
del mar, la lancha, el combustible, el mar.

Tengo un egoísmo
como un procesador de cuatro núcleos,
matemáticamente poderoso.
Con su razón perfumada,
con su voz de excusa dulce a manos llenas
me quita la culpa
igual que mi madre
me quitaba el fuego y los cuchillos.
Me dice que estás lejos,
que no te alcanzo, dice
que yo no te hago daño –son los otros–,
me dice “realista”, me dice “pragmático”,
como si yo tuviera que entender
aquellos términos,
enmarcarlos
en el lugar de mármol donde habito.

Mi amor
es un niño desnutrido que juega con dos piedras,
un anciano tembloroso que pregunta por su perro.

Y mi egoísmo es antiguo,
como los mausoleos, bien templado.
Voy a mirar cómo te lo niegan todo,
voy a mirar cómo te golpean,
te venden y te ahogan cada día,
sin moverme, sin ofrecer
algo que me cueste,
sin tachar ningún capricho de mi lista del supermercado,
sin cambiar medio grado el termostato en mi salón.
Así:
violentamente inmóvil.



Álvaro del Prado
marzo-julio de 2017
© Todos los derechos reservados.
 
Pienso que el egoísmo es algo tan humano como la invención del pladur... y que es un claro enemigo de la empatía, de la sociedad y hasta del individuo mismo. Y como dices en tus versos, lo peor es que tiene su "razón perfumada". Es curioso como a veces el egoísmo se disfraza de "necesario" para el supuesto bien de un núcleo (mayor o menor) de personas, pero que siempre implica ignorar al resto del mundo que no se encuentra en ese "núcleo"...

El poema es hermoso, inteligente e ingenioso, ...verdaderamente magnífico en forma y en fondo. Si no fuera porque llevo ya tiempo en el foro y conozco su "dinámica", me sorprendería que no tuviera comentarios.. ;)

Enhorabuena, Fingal. Un abrazo.
 
Pienso que el egoísmo es algo tan humano como la invención del pladur... y que es un claro enemigo de la empatía, de la sociedad y hasta del individuo mismo. Y como dices en tus versos, lo peor es que tiene su "razón perfumada". Es curioso como a veces el egoísmo se disfraza de "necesario" para el supuesto bien de un núcleo (mayor o menor) de personas, pero que siempre implica ignorar al resto del mundo que no se encuentra en ese "núcleo"...

El poema es hermoso, inteligente e ingenioso, ...verdaderamente magnífico en forma y en fondo. Si no fuera porque llevo ya tiempo en el foro y conozco su "dinámica", me sorprendería que no tuviera comentarios.. ;)

Enhorabuena, Fingal. Un abrazo.

Muchas gracias, Luis. Sí esperaba que el poema hubiera tenido un poquito más de impacto. A mí, al menos, escribirlo me resultó bastante incómodo; espero que sea igual de incómodo leerlo. Me alegra que haya por lo menos una persona que haya valorado el poema.

Un abrazo,

Álvaro
 
Muchas gracias, Luis. Sí esperaba que el poema hubiera tenido un poquito más de impacto. A mí, al menos, escribirlo me resultó bastante incómodo; espero que sea igual de incómodo leerlo. Me alegra que haya por lo menos una persona que haya valorado el poema.

Un abrazo,

Álvaro


no creo que la "incomodidad" de su lectura sea el motivo de su falta de comentarios, sin miedo a equivocarme te diré que es solo fruto de la enorme ignorancia poética general de los usuarios de MP. Para mí es uno de los dos o tres mejores poemas que se han publicado en el foro en los últimos tres meses, y modestia aparte (y aunque pueda sonar pedante) no tengo problema alguno en considerarme uno de los poquitos de por aquí que saben, o por lo menos se preocupan por apreciar la buena poesía.
Un abrazo, compañero.
 
Última edición por un moderador:
Es buenísimo el poema Fingal, muy bueno.

voy a resaltar estos, pero es que son todos para enmarcar

"con su voz de excusa dulce a manos llenas
me quita la culpa
igual que mi madre
me quitaba el fuego y los cuchillos."

"Tengo un egoísmo sentado en el sofá.
Intento hablarle de ti,"


saludos
 
Última edición:
Tengo un egoísmo
como un pilar de hierro y hormigón;
necesario
como las células muertas de mi piel,
como mis dientes,
como mis cuatro colmillos,
como mi digestión omnívora,
como mi puño
que forma parte de la misma mano.

Tengo un egoísmo sentado en el sofá.
Intento hablarle de ti,
de tu cauce seco,
de tu médula mordida,
del hambre, siempre el hambre,
de la tromba de explosivos, la tormenta,
de tu estómago ceñido al pavor,
del peso metálico de los soldados
en tu vientre y en tus sueños,
de tus cuatro paredes de alambrada,
del mar, la lancha, el combustible, el mar.

Tengo un egoísmo
como un procesador de cuatro núcleos,
matemáticamente poderoso.
Con su razón perfumada,
con su voz de excusa dulce a manos llenas
me quita la culpa
igual que mi madre
me quitaba el fuego y los cuchillos.
Me dice que estás lejos,
que no te alcanzo, dice
que yo no te hago daño –son los otros–,
me dice “realista”, me dice “pragmático”,
como si yo tuviera que entender
aquellos términos,
enmarcarlos
en el lugar de mármol donde habito.

Mi amor
es un niño desnutrido que juega con dos piedras,
un anciano tembloroso que pregunta por su perro.

Y mi egoísmo es antiguo,
como los mausoleos, bien templado.
Voy a mirar cómo te lo niegan todo,
voy a mirar cómo te golpean,
te venden y te ahogan cada día,
sin moverme, sin ofrecer
algo que me cueste,
sin tachar ningún capricho de mi lista del supermercado,
sin cambiar medio grado el termostato en mi salón.
Así:
violentamente inmóvil.



Álvaro del Prado
marzo-julio de 2017
© Todos los derechos reservados.
Claro, definido y rotundo egoísmo que no tiene ni le interesa excusa alguna y que esconde muy bien su intimo deseo de ser erradicado. Saludos cordiales para ti Fingal.
 
no creo que la "incomodidad" de su lectura sea el motivo de su falta de comentarios, sin miedo a equivocarme te diré que es solo fruto de la enorme ignorancia poética general de los usuarios de MP. Para mí es uno de los dos o tres mejores poemas que se han publicado en el foro en los últimos tres meses, y modestia aparte (y aunque pueda sonar pedante) no tengo problema alguno en considerarme uno de los poquitos de por aquí que saben, o por lo menos se preocupan por apreciar la buena poesía.
Un abrazo, compañero.

Bueno, creo que debemos respetar que cada uno tenga los gustos que tenga. Y no es que no entienda lo que expones. A mí me encantaría poder marcar con un "me gusta" más poemas y escribir más comentarios de los que escribo. Y no es solo una cuestión de tiempo dedicado ;).
 
Poemazo, Fingal,eres un poeta capaz de crear arte
en cualquier estilo literario.
Estoy pasando una mala temporada con mis ojos y por eso
reduzco al máximo la lectura y todo aquello que me afecta.
Ahora entro poco al foro y seguramente entraré menos
pero intentaré, en la medida de lo posible,
no perderme la buena poesía.
Un abrazo y feliz verano
 
Pienso que el egoísmo es algo tan humano como la invención del pladur... y que es un claro enemigo de la empatía, de la sociedad y hasta del individuo mismo. Y como dices en tus versos, lo peor es que tiene su "razón perfumada". Es curioso como a veces el egoísmo se disfraza de "necesario" para el supuesto bien de un núcleo (mayor o menor) de personas, pero que siempre implica ignorar al resto del mundo que no se encuentra en ese "núcleo"...

El poema es hermoso, inteligente e ingenioso, ...verdaderamente magnífico en forma y en fondo. Si no fuera porque llevo ya tiempo en el foro y conozco su "dinámica", me sorprendería que no tuviera comentarios.. ;)

Enhorabuena, Fingal. Un abrazo.
Es un tremendo poema Fingal, hace tiempo no topaba con tus letras, pero ha sido un verdadero regalo.
Gracias por compartirlo.
Felicidades!!!
Abrazos grandes desde mi mar
 
POEMA RECOMENDADO

MUNDOPOESIA.COM

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CON TODO EL CARIÑO DE MUNDOPOESIA.COM
 
Tengo un egoísmo
como un pilar de hierro y hormigón;
necesario
como las células muertas de mi piel,
como mis dientes,
como mis cuatro colmillos,
como mi digestión omnívora,
como mi puño
que forma parte de la misma mano.

Tengo un egoísmo sentado en el sofá.
Intento hablarle de ti,
de tu cauce seco,
de tu médula mordida,
del hambre, siempre el hambre,
de la tromba de explosivos, la tormenta,
de tu estómago ceñido al pavor,
del peso metálico de los soldados
en tu vientre y en tus sueños,
de tus cuatro paredes de alambrada,
del mar, la lancha, el combustible, el mar.

Tengo un egoísmo
como un procesador de cuatro núcleos,
matemáticamente poderoso.
Con su razón perfumada,
con su voz de excusa dulce a manos llenas
me quita la culpa
igual que mi madre
me quitaba el fuego y los cuchillos.
Me dice que estás lejos,
que no te alcanzo, dice
que yo no te hago daño –son los otros–,
me dice “realista”, me dice “pragmático”,
como si yo tuviera que entender
aquellos términos,
enmarcarlos
en el lugar de mármol donde habito.

Mi amor
es un niño desnutrido que juega con dos piedras,
un anciano tembloroso que pregunta por su perro.

Y mi egoísmo es antiguo,
como los mausoleos, bien templado.
Voy a mirar cómo te lo niegan todo,
voy a mirar cómo te golpean,
te venden y te ahogan cada día,
sin moverme, sin ofrecer
algo que me cueste,
sin tachar ningún capricho de mi lista del supermercado,
sin cambiar medio grado el termostato en mi salón.
Así:
violentamente inmóvil.



Álvaro del Prado
marzo-julio de 2017
© Todos los derechos reservados.


FELICIDADES por el reconocimiento obtenido.
es un lujo poder leer esta bella obra de instinto
que se extiende y deja esas vocaciones de
sentimientos que son pureza de arte poetico.
saludos amables de luzyabsenta
 
Paso de puntillas por tus letras porque me apetecía saludarte. Veo tus progresos y me alegro; era de esperar...
Respecto al egoismo, universal por otro lado, no hace falta criminalizarlo, más allá de un buen "sopapo poético"como el que le has dado. Al fin y al cabo ese egosimo es nuestro mejor instinto de conservación, que nos protege y que desde la aplicación de los demás, nos machaca... yo también lo sé bien, como casi todos supongo.
Pero no solo somos grandes egoistas, muchas veces tenemos la capacidad de sacrificarnos y morir por otros, los nuestros claro está..., jeje, si es que somos muy egoistas, jaja.
Un abrazo, Alvaro.
 
Paso de puntillas por tus letras porque me apetecía saludarte. Veo tus progresos y me alegro; era de esperar...
Respecto al egoismo, universal por otro lado, no hace falta criminalizarlo, más allá de un buen "sopapo poético"como el que le has dado. Al fin y al cabo ese egosimo es nuestro mejor instinto de conservación, que nos protege y que desde la aplicación de los demás, nos machaca... yo también lo sé bien, como casi todos supongo.
Pero no solo somos grandes egoistas, muchas veces tenemos la capacidad de sacrificarnos y morir por otros, los nuestros claro está..., jeje, si es que somos muy egoistas, jaja.
Un abrazo, Alvaro.

Muchas gracias, José y qué alegría que te pases, aunque sea así de puntillas solo a saludar...
No soy un experto en esto, pero creo que el egoísmo, como instinto de conversación, se queda ya un poco obsoleto. Lo superan ampliamente todos los instintos que nos permiten la vida en sociedad.
 
Tengo un egoísmo
como un pilar de hierro y hormigón;
necesario
como las células muertas de mi piel,
como mis dientes,
como mis cuatro colmillos,
como mi digestión omnívora,
como mi puño
que forma parte de la misma mano.

Tengo un egoísmo sentado en el sofá.
Intento hablarle de ti,
de tu cauce seco,
de tu médula mordida,
del hambre, siempre el hambre,
de la tromba de explosivos, la tormenta,
de tu estómago ceñido al pavor,
del peso metálico de los soldados
en tu vientre y en tus sueños,
de tus cuatro paredes de alambrada,
del mar, la lancha, el combustible, el mar.

Tengo un egoísmo
como un procesador de cuatro núcleos,
matemáticamente poderoso.
Con su razón perfumada,
con su voz de excusa dulce a manos llenas
me quita la culpa
igual que mi madre
me quitaba el fuego y los cuchillos.
Me dice que estás lejos,
que no te alcanzo, dice
que yo no te hago daño –son los otros–,
me dice “realista”, me dice “pragmático”,
como si yo tuviera que entender
aquellos términos,
enmarcarlos
en el lugar de mármol donde habito.

Mi amor
es un niño desnutrido que juega con dos piedras,
un anciano tembloroso que pregunta por su perro.

Y mi egoísmo es antiguo,
como los mausoleos, bien templado.
Voy a mirar cómo te lo niegan todo,
voy a mirar cómo te golpean,
te venden y te ahogan cada día,
sin moverme, sin ofrecer
algo que me cueste,
sin tachar ningún capricho de mi lista del supermercado,
sin cambiar medio grado el termostato en mi salón.
Así:
violentamente inmóvil.



Álvaro del Prado
marzo-julio de 2017
© Todos los derechos reservados.

Arriba la poesía de calidad.
Abrazos, poeta.
 
Tengo un egoísmo
como un pilar de hierro y hormigón;
necesario
como las células muertas de mi piel,
como mis dientes,
como mis cuatro colmillos,
como mi digestión omnívora,
como mi puño
que forma parte de la misma mano.

Tengo un egoísmo sentado en el sofá.
Intento hablarle de ti,
de tu cauce seco,
de tu médula mordida,
del hambre, siempre el hambre,
de la tromba de explosivos, la tormenta,
de tu estómago ceñido al pavor,
del peso metálico de los soldados
en tu vientre y en tus sueños,
de tus cuatro paredes de alambrada,
del mar, la lancha, el combustible, el mar.

Tengo un egoísmo
como un procesador de cuatro núcleos,
matemáticamente poderoso.
Con su razón perfumada,
con su voz de excusa dulce a manos llenas
me quita la culpa
igual que mi madre
me quitaba el fuego y los cuchillos.
Me dice que estás lejos,
que no te alcanzo, dice
que yo no te hago daño –son los otros–,
me dice “realista”, me dice “pragmático”,
como si yo tuviera que entender
aquellos términos,
enmarcarlos
en el lugar de mármol donde habito.

Mi amor
es un niño desnutrido que juega con dos piedras,
un anciano tembloroso que pregunta por su perro.

Y mi egoísmo es antiguo,
como los mausoleos, bien templado.
Voy a mirar cómo te lo niegan todo,
voy a mirar cómo te golpean,
te venden y te ahogan cada día,
sin moverme, sin ofrecer
algo que me cueste,
sin tachar ningún capricho de mi lista del supermercado,
sin cambiar medio grado el termostato en mi salón.
Así:
violentamente inmóvil.



Álvaro del Prado
marzo-julio de 2017
© Todos los derechos reservados.

Enhorabuena Figal, esta es la poesía que sale de las entrañas y nos golpea en la conciencia, y remueve, vaya si remueve nuestra cómoda existencia. Se necesitan más poetas como tú, que remuevan conciencias.
Me ha gustado mucho.
Un abrazo. José Ignacio.
 
Puede que sea necesario por aquello de la supervivencia pero, me gusta pensar cómo sería el mundo si fuéramos capaces de aparcar el ego como hace una madre cuando cuida de su hijo y se desborda dando amor. ¿Te imaginas un mundo en el que fuéramos capaces de amar con esa generosidad?


Tengo un egoísmo sentado en el sofá.
Intento hablarle de ti,
de tu cauce seco,
de tu médula mordida,
del hambre, siempre el hambre,
de la tromba de explosivos, la tormenta,
de tu estómago ceñido al pavor,
del peso metálico de los soldados
en tu vientre y en tus sueños,
de tus cuatro paredes de alambrada,
del mar, la lancha, el combustible, el mar.



Me encanta este rompe y rasga, la fuerza con la que el metal se inserta en la carne hasta dejarla inmensa, flotando a la deriva...



Tengo un egoísmo
como un procesador de cuatro núcleos,
matemáticamente poderoso.
Con su razón perfumada,
con su voz de excusa dulce a manos llenas
me quita la culpa
igual que mi madre
me quitaba el fuego y los cuchillos.
Me dice que estás lejos,
que no te alcanzo, dice
que yo no te hago daño –son los otros–,
me dice “realista”, me dice “pragmático”,
como si yo tuviera que entender
aquellos términos,
enmarcarlos
en el lugar de mármol donde habito.

Mi amor
es un niño desnutrido que juega con dos piedras,
un anciano tembloroso que pregunta por su perro.


Esto parece un intento para huir de uno mismo, para justificar lo injustificable, para ocultarse en la inocencia del niño, en la permisividad que se otorga al desvalido

Y mi egoísmo es antiguo,
como los mausoleos, bien templado.
Voy a mirar cómo te lo niegan todo,
voy a mirar cómo te golpean,
te venden y te ahogan cada día,
sin moverme, sin ofrecer
algo que me cueste,
sin tachar ningún capricho de mi lista del supermercado,
sin cambiar medio grado el termostato en mi salón.
Así:
violentamente inmóvil.


Y aquí ya el colofón del verdadero ego, un volcán que explota sin tapujos, un mirarse de frente y reconocer la fuerza de sí. El ego ha vencido como tiene que ser, manifestando el desdén, la indiferencia más absoluta.



He disfrutado sobremanera de este encuentro con tus letras. Te felicito también por el premio pero sobre todo, por tu capacidad de transmitir con tanta belleza oculta este consentimiento que se le otorga sutil e ingeniosamente al motor del mundo, el de todos y cada uno de nosotros.



Un gran abrazo,

Palmira
 
Última edición:
Tengo un egoísmo
como un pilar de hierro y hormigón;
necesario
como las células muertas de mi piel,
como mis dientes,
como mis cuatro colmillos,
como mi digestión omnívora,
como mi puño
que forma parte de la misma mano.

Tengo un egoísmo sentado en el sofá.
Intento hablarle de ti,
de tu cauce seco,
de tu médula mordida,
del hambre, siempre el hambre,
de la tromba de explosivos, la tormenta,
de tu estómago ceñido al pavor,
del peso metálico de los soldados
en tu vientre y en tus sueños,
de tus cuatro paredes de alambrada,
del mar, la lancha, el combustible, el mar.

Tengo un egoísmo
como un procesador de cuatro núcleos,
matemáticamente poderoso.
Con su razón perfumada,
con su voz de excusa dulce a manos llenas
me quita la culpa
igual que mi madre
me quitaba el fuego y los cuchillos.
Me dice que estás lejos,
que no te alcanzo, dice
que yo no te hago daño –son los otros–,
me dice “realista”, me dice “pragmático”,
como si yo tuviera que entender
aquellos términos,
enmarcarlos
en el lugar de mármol donde habito.

Mi amor
es un niño desnutrido que juega con dos piedras,
un anciano tembloroso que pregunta por su perro.

Y mi egoísmo es antiguo,
como los mausoleos, bien templado.
Voy a mirar cómo te lo niegan todo,
voy a mirar cómo te golpean,
te venden y te ahogan cada día,
sin moverme, sin ofrecer
algo que me cueste,
sin tachar ningún capricho de mi lista del supermercado,
sin cambiar medio grado el termostato en mi salón.
Así:
violentamente inmóvil.



Álvaro del Prado
marzo-julio de 2017
© Todos los derechos reservados.
Un auto análisis muy original, cualquiera puede ser egoísta consigo mismo

grato leerte Álvaro
 

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