YANCO
Poeta adicto al portal
Fue aquélla madrugada larga
dueña de una soledad que agota;
una botella en la mano
que ya no hacía agua mí boca,
hurgando algún pensamiento
que me acercara a una copa.
De pronto tú en el rumor pendenciero
del silbar de unas notas;
aún no te veía y ya tu mirada me roza.
¿Cómo estabas allí?
Y de nuevo esos ojos y de nuevo tu boca,
tú blancura, tus pecas, toda tu,
y te convide aquella copa.
De una palabra surgieron mil
cabalgando sobre las horas;
bebí tu historia sin pretender
un confidente amigo sin gloria,
bebí tú historia sin tu saber
que la felicidad de el,
fue mi derrota.
Desde aquél día rezó con fe
mi Díos concédele ser felíz,
que ya con eso, me sobra.
dueña de una soledad que agota;
una botella en la mano
que ya no hacía agua mí boca,
hurgando algún pensamiento
que me acercara a una copa.
De pronto tú en el rumor pendenciero
del silbar de unas notas;
aún no te veía y ya tu mirada me roza.
¿Cómo estabas allí?
Y de nuevo esos ojos y de nuevo tu boca,
tú blancura, tus pecas, toda tu,
y te convide aquella copa.
De una palabra surgieron mil
cabalgando sobre las horas;
bebí tu historia sin pretender
un confidente amigo sin gloria,
bebí tú historia sin tu saber
que la felicidad de el,
fue mi derrota.
Desde aquél día rezó con fe
mi Díos concédele ser felíz,
que ya con eso, me sobra.