Nommo
Poeta veterano en el portal
Estuvimos emborrachándonos con bebidas isotónicas que reforzaban nuestros músculos.
Después del ajetreo en aquel partido de Tenis, en el que nos dimos un ósculo.
Comenzó a nevar y nos pusimos a cubierto, respirando un vaho templado, sobre el aire gélido.
Para colmo, descubrí que entre tus pertenencias, en la bolsa de deporte, había un purito de tabaco.
Volvimos a nuestra madre Tierra, en el O. V. N. I. luminoso, prestado por la civilización reptiliana.
A los mandos del mismo, un Anunnaki que medía tres metros de alto, y que era un portento.
La colonia humana establecida sobre el planeta Umbro, quedaba ya, bien lejos;
a varios años luz de distancia. Y su estrella, Aldebarán, nos saludaba a través de un telescopio.
Hicimos el Amor, nada más llegar a nuestra mansión, en la isla de Mallorca.
Vino a visitarnos el señor delfín, con su vecina, doña Orca.
Sus cánticos nos liberaron de los traumas grabados a nivel celular, en nuestro código genético.
Experimentamos la sanación, en apenas un cuarto de hora.
Actualmente, disfrutamos de la vida, que nos permite el júbilo bullicioso del día a día, plagado
de anécdotas. No podemos, sin embargo, respirar aire puro, porque la atmósfera está contaminada.
Sugerimos a los pueblos del mundo, que echen una mano, en la ecología, y no sólo en economía.
También, emprendemos nuestra investigación mental y psicológica.
Sabes que te admiro, porque desde bien temprano, supe de tu existencia, en esta región del Cosmos.
Vine con mi nave espacial, desde un sistema estelar que está situado en otro brazo espiralado,
de nuestra galaxia. La civilización que me vio nacer y me educó, también es Homo Sapiens.
Tenemos un diseño similar, y por ello, tendremos hijos en común, si Dios así lo quiere.
Porque Dios está en todas partes, y su Felicidad, es la diversidad de sus hijos, aunque sean extraterrestres.
Hay que abrir bien los ojos, para ver un poco más allá de nuestras narices.
Resulta que hay vida inteligente en muchos otros planetas habitados.
Después del ajetreo en aquel partido de Tenis, en el que nos dimos un ósculo.
Comenzó a nevar y nos pusimos a cubierto, respirando un vaho templado, sobre el aire gélido.
Para colmo, descubrí que entre tus pertenencias, en la bolsa de deporte, había un purito de tabaco.
Volvimos a nuestra madre Tierra, en el O. V. N. I. luminoso, prestado por la civilización reptiliana.
A los mandos del mismo, un Anunnaki que medía tres metros de alto, y que era un portento.
La colonia humana establecida sobre el planeta Umbro, quedaba ya, bien lejos;
a varios años luz de distancia. Y su estrella, Aldebarán, nos saludaba a través de un telescopio.
Hicimos el Amor, nada más llegar a nuestra mansión, en la isla de Mallorca.
Vino a visitarnos el señor delfín, con su vecina, doña Orca.
Sus cánticos nos liberaron de los traumas grabados a nivel celular, en nuestro código genético.
Experimentamos la sanación, en apenas un cuarto de hora.
Actualmente, disfrutamos de la vida, que nos permite el júbilo bullicioso del día a día, plagado
de anécdotas. No podemos, sin embargo, respirar aire puro, porque la atmósfera está contaminada.
Sugerimos a los pueblos del mundo, que echen una mano, en la ecología, y no sólo en economía.
También, emprendemos nuestra investigación mental y psicológica.
Sabes que te admiro, porque desde bien temprano, supe de tu existencia, en esta región del Cosmos.
Vine con mi nave espacial, desde un sistema estelar que está situado en otro brazo espiralado,
de nuestra galaxia. La civilización que me vio nacer y me educó, también es Homo Sapiens.
Tenemos un diseño similar, y por ello, tendremos hijos en común, si Dios así lo quiere.
Porque Dios está en todas partes, y su Felicidad, es la diversidad de sus hijos, aunque sean extraterrestres.
Hay que abrir bien los ojos, para ver un poco más allá de nuestras narices.
Resulta que hay vida inteligente en muchos otros planetas habitados.
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