Nommo
Poeta veterano en el portal
Y estabas allí, con los demás, mirando al fondo del barranco,
después de haber comprado el tabaco en el estanco.
Llegué yo, raudo como el mesmo viento,
y te rapté en pleno vuelo, surcando el Mar Mediterráneo.
Porque navego, además de tener alas hechas de plumas.
Ibas generando mucha espuma, porque te disolvías, como pastilla efervescente.
Quitabas los síntomas del resfriado, de muchos peces de colores, que tus aguas bebían.
Ya, no estornudaban, ni tenían que sonarse los mocos, con un pañuelo.
Las sirenitas te cantaron una canción de cuna, y yo me quedé dormido.
Entonces, me llevaste a una isla desierta, empujando con tus ancas de rana.
Eres anfibio, y yo debía besarte, para transformarte en mi príncipe azul.
Pero eres hembra... ¡ Mejor todavía ! Te conquistaré y haré mía.
Serás mi esposa. ¿ Qué te parece ?
En esa tierra fértil, me plantaste, y di como consecuencia, vida a un nogal.
Daba nueces que tú comías, partiendo con almirez y mortero, por Navidad.
Ideaste los turrones, y los mantecaos y alfajores que hacen las monjas, tradicionalmente.
Y cierto día, reaparecí, a través de una gruta, bajo una cascada de agua dulce e impetuosa.
Nos besamos. Nos acariciamos. Ya, no eras rana. Ni yo un nogal.
Sino que somos tal para cuál.
después de haber comprado el tabaco en el estanco.
Llegué yo, raudo como el mesmo viento,
y te rapté en pleno vuelo, surcando el Mar Mediterráneo.
Porque navego, además de tener alas hechas de plumas.
Ibas generando mucha espuma, porque te disolvías, como pastilla efervescente.
Quitabas los síntomas del resfriado, de muchos peces de colores, que tus aguas bebían.
Ya, no estornudaban, ni tenían que sonarse los mocos, con un pañuelo.
Las sirenitas te cantaron una canción de cuna, y yo me quedé dormido.
Entonces, me llevaste a una isla desierta, empujando con tus ancas de rana.
Eres anfibio, y yo debía besarte, para transformarte en mi príncipe azul.
Pero eres hembra... ¡ Mejor todavía ! Te conquistaré y haré mía.
Serás mi esposa. ¿ Qué te parece ?
En esa tierra fértil, me plantaste, y di como consecuencia, vida a un nogal.
Daba nueces que tú comías, partiendo con almirez y mortero, por Navidad.
Ideaste los turrones, y los mantecaos y alfajores que hacen las monjas, tradicionalmente.
Y cierto día, reaparecí, a través de una gruta, bajo una cascada de agua dulce e impetuosa.
Nos besamos. Nos acariciamos. Ya, no eras rana. Ni yo un nogal.
Sino que somos tal para cuál.
Última edición: