Los ocasos van siendo más tempranos,
la ciudad y los campos van quedando
sin soles...y en el árbol solitario,
un gorrión canta al cielo sonrosado.
La hora del verso ya se ha levantado,
la sombra le acompaña de la mano,
ya los días son más cortos... y más largos
y más fríos, los labios silenciados.
Y el otoño de apoco abrió su manto,
ya se caen las hojas del pasado,
los pájaros se marchan a otros campos
y el verano reside en su letargo.
Lloran y lloran horas al ocaso,
el bosque está en silencio y olvidado.
Luis
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