José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
Levito sobre las nubes de algodón blanco roto,
reposo mi cabeza sobre una almohada blanda otoñal,
y recorro tus sueños en caída libre y salto vertical,
me estremecen tus silencios en la oscuridad del día
y me asustan tus cantos en la luz de la noche.
No puedo abrazarte cuando siento frío,
ni caminar desnudo ante los ojos vidriosos y miradas impuras.
Me alegro al poder dormir y levito de nuevo sobre las ciudades oscuras,
siento frío en los veranos ajenos y me arropo con hiedra seca.
Los aleteos de las mariposas de mis entrañas me despiertan por las mañanas
al ver tu respirar profundo al despuntar el alba.
Me levanto cautivo, preso de encanto, encarcelado en tu olvido,
no me encuentras al no haber motivo, ni me buscas, si yo no te lo pido.
Camino hacia atrás mirando al frente y no veo mi destino.
Sigo buscando sin saber que busco e intuyo un recuerdo que sin querer lo encuentro,
nos abrazamos un instante y una tormenta de recuerdos fluye sobre mi catre.
Y no es lo que pretendo.
Despierto sobresaltado buscando tus recuerdos en mi armario
y no es lo que pretendo.
Miro por la ventana al horizonte, ajeno a mis devaneos.
Y me guiña con un halo de luz sin saber que esconde.
No se qué o quien es.
¿Será el amor que se oculta?
Tal vez.
Es el amor que juega a esconderse para no perderse.
Y vuelvo a empezar un nuevo día con dolor de oído, sin café y la taza vacía.
Respiro profundamente y sucumbo al ahogo del ya viejo día.
Ya no temo tus silencios ni tus cantos, ni las miradas impuras.
Solo temo mi presencia equivocada en el momento oportuno en las noches baldías y oscuras.
Ya no camino hacia atrás, ni miro de frente, pero intuyo mi destino,
ese destino señalado por flechas ignoradas en episodios ausentes
que me indican dónde estás tú,
y te busco, sabiendo de ti y te sigo buscando, a pesar de mí.
Retrocedo un paso, cojo impulso y salto al vacío,
hacia donde tu aroma me transporta y los reflejos de tu sombra me guían.
Pero tú no estás.
Y me despierto empapado en sudores fríos
me temo lo peor, que has sucumbido a otro amor, de otro, será de otro
… y ese otro soy yo, y me vuelvo a dormir empapado en sueños profundos.
Háblame bajito, no me despiertes ahora, no quiero volver a sudar en frío.
Solo si ves que tirito, arrópame, pero esta vez, con algas de los mares del sur.
Ya se quien es y se lo que pretendo,
pretendo buscarte y aunque te escondas, volver a encontrarte
Eres tú.
Y eres,
el Amor.
José Ignacio Ayuso Diez