Europa.

Nommo

Poeta veterano en el portal
Todo era nube.
Lo recuerdo muy bien.
La tierra llegó después, columpiándose.
El aire se hizo viento y su ímpetu despertó al Mar.


Entonces, tú, bella Europa, comías miel de abejas. Bueno, te deleitabas con diversos manjares.


Te regalé un marsupial, que cuida a sus crías dentro de una bolsa, que va pegada al vientre.
Lo llamaste Canguro.
En mi isla de Australia, te sentías protegida.
Y te llevé a África, donde el esoterismo era el pan nuestro de cada día, y los espíritus son algo habitual.


América te parecía frondosa, como una encina sagrada.


Allí te distribuiste.
Fuiste Nuevo Mundo y desarrollaste una vasta cultura capitalista.
Fundamentada en los valores económicos del ahorro y la inversión.
Luego, creció el pequeño Japón, que era nuestro hijo legítimo.


Él heredaría toda Asia. Y el Mar se levantó, muy ofendido, por nuestro comportamiento.


Recuerdo que vomitó ríos de agua dulce.
Agua potable, que sin lugar a dudas, resulta beneficiosa para la salud.
Y exclamé: ¡ Bienvenido sea ! El Mar creció y se hizo océano.
Índico, Atlántico, Pacífico... Y yo no podía mirarlo, a los ojos, directamente.


En su furor, me mostró a Neptuno, con su tridente, que pinchaba el balón de fútbol.


Y le enseñé a dibujar.
Para ti, Europa, diseñé esta canción...


 
Última edición:
Todo era nube.
Lo recuerdo muy bien.
La tierra llegó después, columpiándose.
El aire se hizo viento y su ímpetu despertó al Mar.


Entonces, tú, bella Europa, comías miel de abejas. Bueno, te deleitabas con diversos manjares.


Te regalé un marsupial, que cuida a sus crías dentro de una bolsa, que va pegada al vientre.
Lo llamaste Canguro.
En mi isla de Australia, te sentías protegida.
Y te llevé a África, donde el esoterismo era el pan nuestro de cada día, y los espíritus son algo habitual.


América te parecía frondosa, como una encina sagrada.


Allí te distribuiste.
Fuiste Nuevo Mundo y desarrollaste una vasta cultura capitalista.
Fundamentada en los valores económicos del ahorro y la inversión.
Luego, creció el pequeño Japón, que era nuestro hijo legítimo.


Él heredaría toda Asia. Y el Mar se levantó, muy ofendido, por nuestro comportamiento.


Recuerdo que vomitó ríos de agua dulce.
Agua potable, que sin lugar a dudas, resulta beneficiosa para la salud.
Y exclamé: ¡ Bienvenido sea ! El Mar creció y se hizo océano.
Índico, Atlántico, Pacífico... Y yo no podía mirarlo, a los ojos, directamente.


En su furor, me mostró a Neptuno, con su tridente, que pinchaba el balón de fútbol.


Y le enseñé a dibujar.
Para ti, Europa, diseñé esta canción...


Bello poema de amor de sugerentes y certeras imágenes amigo Nommo. Un abrazo. Paco.
 
Rei, elige Granada. Yo vivo en Granada, y me gusta.
Pero viajar es necesario, para instruirnos.
He visitado Cambridge y Dublín, Roma y París, Bruselas y Oslo, Nueva York y Estocolmo.


Paco, gracias por leer mi poema, y comentarlo de manera propicia.
 

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