María Francisca
GAVIOTA
Era de día, sus ojos aún se mantenían cerrados/dormidos,
atrapando un sueño más, una ilusión más, todavía pobre chiquilla,
no comprende que los adultos asustan al niño,
lo esconden en su baúl de frustraciones,
pero, a veces, se escapa de ese rincón obscuro y frío,
y ella ignora el frágil equilibrio de la inocencia,
sigue sonriendo y sus carcajadas son música,
sinfonía que ya no se escucha,
esta puesta su vestido favorito,
ligero y floreado, vaporoso como un ángel,
y vuelve a sonreír, todavía no comprende,
todavía lo ignora, y sigue siendo feliz a su manera,
sin crecer, conservando la frescura de la inocencia,
vive sonriendo a su niño interior,
después sabrá del dolor y aprenderá que si es fuerte
podrá llorar muchas veces, y se levantó
con una sonrisa, nuevamente, volvió a salvar
a ese ser interior, que juega cada mañana con ella
a despertarla, su cabello lo revolotea,
y su secreto sigue siendo él,
el gran secreto para vivir,
como si nunca hubiera abierto los ojos,
y sigue sonriendo,
como si estuviera corriendo en un campo tostado
por el sol de verano.
La chica creció y se hizo grande,
comprendió la vida de los adultos,
a veces se revelo y cuando sentía
que corría el peligro de terminar de ser totalmente
adulta, escapó a un mundo diferente,
alejado y diverso, respiro de nuevo el aire
de esa mañana en que quiso seguir con los ojos cerrados
y volvió a danzar con su vestido ligero y floreado,
fue simplemente feliz y no dejo a su ángel
en el rincón frío y obscuro de los adultos.
atrapando un sueño más, una ilusión más, todavía pobre chiquilla,
no comprende que los adultos asustan al niño,
lo esconden en su baúl de frustraciones,
pero, a veces, se escapa de ese rincón obscuro y frío,
y ella ignora el frágil equilibrio de la inocencia,
sigue sonriendo y sus carcajadas son música,
sinfonía que ya no se escucha,
esta puesta su vestido favorito,
ligero y floreado, vaporoso como un ángel,
y vuelve a sonreír, todavía no comprende,
todavía lo ignora, y sigue siendo feliz a su manera,
sin crecer, conservando la frescura de la inocencia,
vive sonriendo a su niño interior,
después sabrá del dolor y aprenderá que si es fuerte
podrá llorar muchas veces, y se levantó
con una sonrisa, nuevamente, volvió a salvar
a ese ser interior, que juega cada mañana con ella
a despertarla, su cabello lo revolotea,
y su secreto sigue siendo él,
el gran secreto para vivir,
como si nunca hubiera abierto los ojos,
y sigue sonriendo,
como si estuviera corriendo en un campo tostado
por el sol de verano.
La chica creció y se hizo grande,
comprendió la vida de los adultos,
a veces se revelo y cuando sentía
que corría el peligro de terminar de ser totalmente
adulta, escapó a un mundo diferente,
alejado y diverso, respiro de nuevo el aire
de esa mañana en que quiso seguir con los ojos cerrados
y volvió a danzar con su vestido ligero y floreado,
fue simplemente feliz y no dejo a su ángel
en el rincón frío y obscuro de los adultos.