Mi Tamiz

qubitz

Poeta recién llegado
Aprendí a acariciar la piel de una mujer de sol e iluminarme en el brillo de sus ojos tan negros como la noche que termina. Después de haber prendido mis manos en el fuego eterno de los árboles que se han quemado sobre mi patio, me acerqué a ella y le ofrecí mis labios para que los sane con su beso de espuma.
Volé sobre su pecho hasta el alba, mientras ella rayaba con tiza y guardaba en un baúl los recuerdos oxidados por la brisa de nuestras lágrimas. Así fue, como un ave que se posa sobre una isla en el medio del océano, navegué por su piel con la inocencia de un niño que da sus primeros pasos. Ella me abrazó con sus piernas y brazos a la vez, me acercó hasta sí con la fuerza de una ola que se funde en el mar, y así se transformó en mi manto y mi tamiz.
 
Aprendí a acariciar la piel de una mujer de sol e iluminarme en el brillo de sus ojos tan negros como la noche que termina. Después de haber prendido mis manos en el fuego eterno de los árboles que se han quemado sobre mi patio, me acerqué a ella y le ofrecí mis labios para que los sane con su beso de espuma.
Volé sobre su pecho hasta el alba, mientras ella rayaba con tiza y guardaba en un baúl los recuerdos oxidados por la brisa de nuestras lágrimas. Así fue, como un ave que se posa sobre una isla en el medio del océano, navegué por su piel con la inocencia de un niño que da sus primeros pasos. Ella me abrazó con sus piernas y brazos a la vez, me acercó hasta sí con la fuerza de una ola que se funde en el mar, y así se transformó en mi manto y mi tamiz.
Ver que esa mujer es adorno de formas en una garganta
que la suplica, diriamos mejor que la sueña como un
oceano de olas sueltas. verdaderamente una interesante
proposicion literaria que deja un susurro bordado de
sensaciones. bellissimo. saludos de luzyabsenta
 

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