Ice
Poeta que considera el portal su segunda casa
No dejes, al ocaso difumine,
pisadas, que sobre tu playa yacen,
y donde, solo el olvido, persigue.
Ni aceptes que ajenas; tus horas pasen.
Y menos, tu latir... temor abrigue.
No dejes, que frío el tiempo se extienda.
Que a cada ocaso... la luna le sigue.
Continúa, tu andar por la vereda
donde el verso, lejanía mitigue.
Mantén en ti, el suspiro que queda;
acunado, entre cada promesa,
no le dejes, ante el celo que preda,
su esperanza; cómo a una débil presa.
Aférrate, en el sentir que enreda,
las miradas, y todo miedo cesa.
No hay distancia que el amor no pueda
acallar, cuando, con sus labios besa.
pisadas, que sobre tu playa yacen,
y donde, solo el olvido, persigue.
Ni aceptes que ajenas; tus horas pasen.
Y menos, tu latir... temor abrigue.
No dejes, que frío el tiempo se extienda.
Que a cada ocaso... la luna le sigue.
Continúa, tu andar por la vereda
donde el verso, lejanía mitigue.
Mantén en ti, el suspiro que queda;
acunado, entre cada promesa,
no le dejes, ante el celo que preda,
su esperanza; cómo a una débil presa.
Aférrate, en el sentir que enreda,
las miradas, y todo miedo cesa.
No hay distancia que el amor no pueda
acallar, cuando, con sus labios besa.