Camy
Camelia Miranda
Un par de minutos
bastaron para alejar tus manos de las mías,
entre miradas extrañas
y apéndices maliciosos,
desarmando nuestro albedrío
como final de aquel cándido atardecer.
Leguas de silencio cernieron el cielo
y las cuencas se dejaron llenar por tu ausencia,
cubriendo los recuerdos como esteros
al filo de la espera,
porque sin ti, mis pasos no sabían a donde ir.
Como relevo de marionetas pasadas,
sayones de un mundo bajo celaron tu aroma
en acecho de sus cuentas pendientes
y la jerga que mísera,
asediaba con terror los frutos de tu vientre,
en inoportuna balanza
de universos distorsionados en la misma guarida,
donde cercaron tu luz, creyéndote más débil.
Las lágrimas se derramaron
y los lazos apretaron las ansias
forjando dieciocho días con esperanza
y entre tanto y tan poco,
la añoranza acopiaba cada amanecer
-sin tu aire-
mientras tu sonrisa titilaba en cada rincón
y en el indiviso deseo que nos mantenía muy cerca de ti,
¿y cómo podía engañar a los corazones?
los crepúsculos se habían exiliado con tus ojos
y el río despojado de tu voz,
más tú historia sin punto final
se paseaba por nuestras lenguas en fogatas de astucias,
aguardando el encuentro con tu piel.
Insólito este pasaje que fortificó la oración encadenada,
justo al borde de la expectación
y la bruma-diluyéndose-por el fulgor de tu sol,
que dejaba a la luna sin noche
y la orden,
empuñando fuego sin absolución,
-un milagro-
dejó escuchar una copla de verde mirar,
y de júbilo toda el alma se llenó;
¡retumbó el pecho!
los días ya no contaban,
una plegaria se abría camino
y a un par de minutos,
tus manos de nuevo conmigo.
(Publicado en Mundo Poesía el 21 de Octubre del 2009)
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