Aquella niña correteaba y brincaba radiante por el rosal cuando de pronto, una mariposa se posaba en su manita.
- ¡Tú eres nueva en el jardín! - exclamaba la mariposa.
- Yo quiero ser como tú para volar libre de flor en flor y vivir eternamente. - Decía con su dulce voz.
- Jajaja - reía la mariposa ingenua a la inocencia de la niña... Desgraciadamente nosotras no vivimos eternamente, como mucho dos semanas...
Y mientras le decía estas palabras, unas gotas diamantinas resbalaban por sus mofletes rosados (...)
Luis