Paula Varela
Miembro del Jurado
la noche se puso un vestido ajustado
cuando la música empezó a adormecer las gargantas
líquidos intragables caían de las paredes
me hipnotizó la intermitencia histérica de las luces
el sudor de los cuerpos semidesnudos
y esas miradas que me devolvías
eran como cuencos a la espera de monedas
mi piel era un estallido repugnante
era el encandilamiento frívolo
de mi estupidez en el primer puesto de un trono
tus silencios eran los cuchillos que desfiguraban mi cara
con la virtuosidad de un escultor frenético
y todo mi cuerpo se partió en dos partes
cuando tu mano quiso tocar mi vientre
la noche se desvistió con un descaro elegante
fue duración de tiempo sin importancia
y la danza del ritual
fue la resaca de una absurda embriaguez de artificios
ahora mis restos
recapitulan en la mañana:
veo los escombros de la ciudad destruida por tu indiferencia
estas miserables partes sin sentido
de algo que sólo conduce al abismo.
cuando la música empezó a adormecer las gargantas
líquidos intragables caían de las paredes
me hipnotizó la intermitencia histérica de las luces
el sudor de los cuerpos semidesnudos
y esas miradas que me devolvías
eran como cuencos a la espera de monedas
mi piel era un estallido repugnante
era el encandilamiento frívolo
de mi estupidez en el primer puesto de un trono
tus silencios eran los cuchillos que desfiguraban mi cara
con la virtuosidad de un escultor frenético
y todo mi cuerpo se partió en dos partes
cuando tu mano quiso tocar mi vientre
la noche se desvistió con un descaro elegante
fue duración de tiempo sin importancia
y la danza del ritual
fue la resaca de una absurda embriaguez de artificios
ahora mis restos
recapitulan en la mañana:
veo los escombros de la ciudad destruida por tu indiferencia
estas miserables partes sin sentido
de algo que sólo conduce al abismo.