espinasyabrojos
Poeta fiel al portal
En las tardes tibias con aroma a perejil
El susurro de la flauta me llama,
escribe las profecías que mueren
junto tu nombre sobre mi piel.
Me desbordo en instantes cóncavos
y flexibles donde cabe todo
lo que he inventado sobre ti,
declinaciones, y otros conjuros.
Aunque nunca encuentro la tierna
caravana de abanicos con que tapas
el cuerpo arrecho, ni los días mutuos
en los espacios reflexivos de tiempo.
La razón sigue escondida en la piedra
de bronce con forma de hombre.
Se asoma al margen mi imaginación
para proteger y evitar derretirse
en los momentos inoportunos del amor.
Así llevas la sangre a los rincones
de mi dulzor testado, habitando
los limites de mis lujurias
repletas de misterios. Así escape
tu calcinante brujería con las manos
dispuestas a rescatar antiguas ternuras.
Las veloces alcancías de mi memoria
suprimen los detalles ebrios.
Escucho un discurso incrustado
en los jarrones de mi muerte. Los abismos
que estrujan mis carencias sobre tu pecho
se enroscan y parten las ventanas de tu playa.
Dibujan serpientes con colmillos
de león que roban mis horas de descanso
para luego tenderse sobre tu playa
y revolcarse en tu hechizo como un silencio
acojinado de perejil y tarde tibia.
El susurro de la flauta me llama,
escribe las profecías que mueren
junto tu nombre sobre mi piel.
Me desbordo en instantes cóncavos
y flexibles donde cabe todo
lo que he inventado sobre ti,
declinaciones, y otros conjuros.
Aunque nunca encuentro la tierna
caravana de abanicos con que tapas
el cuerpo arrecho, ni los días mutuos
en los espacios reflexivos de tiempo.
La razón sigue escondida en la piedra
de bronce con forma de hombre.
Se asoma al margen mi imaginación
para proteger y evitar derretirse
en los momentos inoportunos del amor.
Así llevas la sangre a los rincones
de mi dulzor testado, habitando
los limites de mis lujurias
repletas de misterios. Así escape
tu calcinante brujería con las manos
dispuestas a rescatar antiguas ternuras.
Las veloces alcancías de mi memoria
suprimen los detalles ebrios.
Escucho un discurso incrustado
en los jarrones de mi muerte. Los abismos
que estrujan mis carencias sobre tu pecho
se enroscan y parten las ventanas de tu playa.
Dibujan serpientes con colmillos
de león que roban mis horas de descanso
para luego tenderse sobre tu playa
y revolcarse en tu hechizo como un silencio
acojinado de perejil y tarde tibia.
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