Traíamos recursos,
de tintes y cartas,
para esos llantos inexplicables…
cada verbo,
cada definición,
cada rincón…
traía el destino, quizás, la belleza intrépida…
una rebeldía de los ecosistemas de clamores;
los peces pronunciando su nombre…
un cupido de las caballerías,
entre las musas,
para parchear las brumas…
un desabotonar para regresarme,
y desvestir esa lámpara,
donde nos bañábamos;
esos, cada uno de los “te quiero”,
jugando con los cristales multicolor;
un sonreír del día en mi ventana…
soltar lastres de plata para encontrarme con tu corazón al vuelo;
o quizás mostrarnos un nuevo rumbo por esos oleajes ornamentados…
ella, como ellos…
horizontes encantados, en piel de lumbre…
el cigarrillo que se fuma nuestro oso;
respiración dentro de la respiración,
para cada pausa ,
lo más cierto de mi corazón desordenado…
de tintes y cartas,
para esos llantos inexplicables…
cada verbo,
cada definición,
cada rincón…
traía el destino, quizás, la belleza intrépida…
una rebeldía de los ecosistemas de clamores;
los peces pronunciando su nombre…
un cupido de las caballerías,
entre las musas,
para parchear las brumas…
un desabotonar para regresarme,
y desvestir esa lámpara,
donde nos bañábamos;
esos, cada uno de los “te quiero”,
jugando con los cristales multicolor;
un sonreír del día en mi ventana…
soltar lastres de plata para encontrarme con tu corazón al vuelo;
o quizás mostrarnos un nuevo rumbo por esos oleajes ornamentados…
ella, como ellos…
horizontes encantados, en piel de lumbre…
el cigarrillo que se fuma nuestro oso;
respiración dentro de la respiración,
para cada pausa ,
lo más cierto de mi corazón desordenado…
Última edición: