Teo Moran
Poeta fiel al portal
Amanecía un día más en la sierra parda
con el atuendo exiguo del invierno,
atada con sus dedos en las altas cumbres
la nieve suspira en el cangilón del cielo
y a lo lejos se escucha correr el agua
que en desorden abraza al río en su letargo
mas en su desnudez cristalina lleva misterio,
es salmo en los matorrales y en los charcos.
Las hojas somnolientas en la lentitud del cauce
sollozan en la triste melodía de la mañana,
dejan su alma en manos de las ramas vacías
donde solo reposan las sombras de las aves
que en el dictado del ayer con su sinfonía delicada
me hablaban del trashumante y frío invierno.
-¡Hoy se escucha al prematuro mar de trigo
que con sus granos dormidos aún sin formar
me habla de los recodos del camino antiguo!
-¡Hoy se esconden las amapolas desnudas
en la espesura desnutrida de los helechos
y en la brevedad de un campo helado y yermo!
Amanecía un día más en la sierra parda
con los colores que arden dentro del alma,
junto a la emoción del amor verdadero
que con la melodía de los ausentes trinos
se hace perenne en la desnudez del invierno,
que con ternura se abraza al río en su letargo
y agostada con su fortuna en las altas cumbres
la vida se abre paso en el cangilón del cielo.
con el atuendo exiguo del invierno,
atada con sus dedos en las altas cumbres
la nieve suspira en el cangilón del cielo
y a lo lejos se escucha correr el agua
que en desorden abraza al río en su letargo
mas en su desnudez cristalina lleva misterio,
es salmo en los matorrales y en los charcos.
Las hojas somnolientas en la lentitud del cauce
sollozan en la triste melodía de la mañana,
dejan su alma en manos de las ramas vacías
donde solo reposan las sombras de las aves
que en el dictado del ayer con su sinfonía delicada
me hablaban del trashumante y frío invierno.
-¡Hoy se escucha al prematuro mar de trigo
que con sus granos dormidos aún sin formar
me habla de los recodos del camino antiguo!
-¡Hoy se esconden las amapolas desnudas
en la espesura desnutrida de los helechos
y en la brevedad de un campo helado y yermo!
Amanecía un día más en la sierra parda
con los colores que arden dentro del alma,
junto a la emoción del amor verdadero
que con la melodía de los ausentes trinos
se hace perenne en la desnudez del invierno,
que con ternura se abraza al río en su letargo
y agostada con su fortuna en las altas cumbres
la vida se abre paso en el cangilón del cielo.