manuelo
Poeta fiel al portal
Sus inquietas y agotadas sienes
se despidieron del día a la francesa
mientras la tele como una posesa
repetía un anuncio de sartenes.
Al alba despertó, y aún soñadora,
mecánicamente se sentó, sin prisa,
y el severo espejo de su peinadora
le devolvió, a su manera, la sonrisa.
La cadencia del susurrar del viento
que modulaba el silencio de su alcoba
le hizo pensar si estaría lloviendo,
o se trataba sólo de un rumor de hojas.
Abrió la ducha y el agua caliente
cubrió de vapor el ruboroso espejo
que mostraba su borroso reflejo
mientras se desnudaba lentamente.
Sintió enormes deseos de levitar
de elevarse, volar a sus antojos,
de ir a oler la luna y luego regresar.
Levantó los brazos y cerró los ojos.
Soñó que atravesaba las nubes más bellas
que se estaba dando un chapuzón en ellas
y que algún rayo de su luna amada
la guiaría después a una dorada playa;
allí el aire al sol disputaría
el derecho a secar su piel morena
mientras recostada en la fina arena
un poema de amor escribiría.
se despidieron del día a la francesa
mientras la tele como una posesa
repetía un anuncio de sartenes.
Al alba despertó, y aún soñadora,
mecánicamente se sentó, sin prisa,
y el severo espejo de su peinadora
le devolvió, a su manera, la sonrisa.
La cadencia del susurrar del viento
que modulaba el silencio de su alcoba
le hizo pensar si estaría lloviendo,
o se trataba sólo de un rumor de hojas.
Abrió la ducha y el agua caliente
cubrió de vapor el ruboroso espejo
que mostraba su borroso reflejo
mientras se desnudaba lentamente.
Sintió enormes deseos de levitar
de elevarse, volar a sus antojos,
de ir a oler la luna y luego regresar.
Levantó los brazos y cerró los ojos.
Soñó que atravesaba las nubes más bellas
que se estaba dando un chapuzón en ellas
y que algún rayo de su luna amada
la guiaría después a una dorada playa;
allí el aire al sol disputaría
el derecho a secar su piel morena
mientras recostada en la fina arena
un poema de amor escribiría.
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