Todo está en su sitio

kalkbadan

Poeta que considera el portal su segunda casa
TODO ESTÁ EN SU SITIO

Era jueves por la tarde
y paré a tomar una cerveza antes de subir a casa.
El propietario del bar era un tipo adusto,
un tipo al que
contaras lo que le contaras
—como si le hablabas del tiempo—
siempre hacía como que no te escuchaba,
o al contrario,
te reprochaba con su mirada
abriendo súbitamente los ojos
como si le hubieras preguntado
sobre alguna de las conjeturas matemáticas del milenio,
y tras ese espasmo gestual solía girarse y,
mientras negaba con la cabeza,
y tras echarse con estilo torero el trapo sobre el hombro,
la emprendía a gritos con alguno de sus camareros.
Además, tengo que decir
que nunca me puso una mísera tapa con la cerveza.

Vamos, que ese señor era la perfecta personificación
de lo que se conoce como «un gilipollas».

Recuerdo como aquella tarde dirigió su dedo
hacia el ventanal,
mientras le contaba a un cliente que el borracho
que avanzaba con dificultad
por la acera
había sido su mejor camarero,
pero que su vagancia incorregible
y la puta de su mujer
lo habían convertido en un jodido borracho.
Y fue entonces cuando le solté al gilipollas un simple y cobarde:
ese chico es una persona y se llama Antonio,
y me marché.
Y ahí se quedó con su dedo inquisidor
y su cara de boya roja a punto de explotar
con sus cejas provocando un maremoto de arrugas en su frente.
Supongo que los camareros dieron buena cuenta de su mala hostia.

A la mañana siguiente
llevé a mis hijos al colegio.
Me encanta el mes de diciembre…
El mes en el que meten sus manitas en los bolsillos de mi gabán
y mientras les acaricio en secreto las palmas de sus manos
vamos urdiendo los planes del fin de semana.

Al llegar,
entre la insoportable turba de padres, abuelos y niños,
destacaba la pareja de siempre,
sentados en el banco de siempre,
con sus cabellos aún mojados
chivatos de una ducha rápida.
Se dedicaban —sin acompañarse la mirada— tímidas caricias,
de las que saben a promesa y confesión.
A veces, se besaban
mientras su hija Laura correteaba
junto al resto de los niños.

Por la tarde
me encontré de frente con Antonio.
Nunca lo había visto tan borracho.
Pasé junto a él y algo me gritó,
y me gritó algo de nuevo,
con su boca torcida hecha un colgajo de baba
y con su mirada condensada
en dos mínimas fisuras blancas.
Continuó gritando inmerso en un brutal balbuceo,
pero yo seguí mi camino
sin volver la vista atrás.

El lunes siguiente llegamos a la puerta del colegio
y la pareja de siempre
ya no estaba sentada en su banco.
Ni el martes, ni el miércoles, ni el jueves.
Y llegó el viernes, ese día tan especial
en el que tenemos la suerte de soñar
con los planes del fin de semana.
De camino al colegio
nos reímos a carcajada limpia
cuando Lena recitó el poema «Todo está en su sitio»
de Gloria Fuertes,
imitando, burlona,
el solemne recitado de su padre.

Aquel día Laura esperaba junto a la puerta
agarrada de la mano
de su madre.
Por la tarde pregunté a mi hijo por ella
y me contestó que Laura le había contado
que su papá se había ido de viaje a un país muy lejano,
y que ella,
ahora,
vivía en un palacio.


Y nunca más
volví a saber de Antonio.


Kalkbadan
En Madrid a 17 de diciembre de 2017
 
Última edición:
Desgraciadamente el mundo está lleno de "gilipollas" , también hay demasiados Antonios tambaleándose por las calles, es una suerte para Laura que se fuera a un país tan lejano. Es una historia Andreas como muy cotidiana, encierra mucha tristeza y sufrimiento. El alcoholismo es una enfermedad muy grave.
Bueno, encantada de leerte Poeta, feliz domingo
 
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Era jueves por la tarde
y paré a tomar una cerveza antes de subir a casa.
El propietario del bar era un tipo adusto,
un tipo al que
contaras lo que le contaras
—como si le hablabas del tiempo—
siempre hacía como que no te escuchaba,
o al contrario,
te reprochaba con su mirada
abriendo súbitamente los ojos
como si le hubieras preguntado
sobre alguna de las conjeturas matemáticas del milenio,
y tras ese espasmo gestual solía girarse y,
mientras negaba con la cabeza,
y tras echarse con estilo torero el trapo sobre el hombro,
la emprendía a gritos con alguno de sus camareros.
Además, tengo que decir
que nunca me puso una mísera tapa con la cerveza.

Vamos, que ese señor era la perfecta personificación
de lo que se conoce como «un gilipollas».

Recuerdo como aquella tarde dirigió su dedo
hacia el ventanal,
mientras le contaba a un cliente que el borracho
que avanzaba con dificultad
por la acera
había sido su mejor camarero,
pero que su vagancia incorregible
y la puta de su mujer
lo habían convertido en un jodido borracho.
Y fue entonces cuando le solté al gilipollas un simple y cobarde:
ese chico es una persona y se llama Antonio,
y me marché.
Y ahí se quedó con su dedo inquisidor
y su cara de boya roja a punto de explotar
con sus cejas provocando un maremoto de arrugas en su frente.
Supongo que los camareros dieron buena cuenta de su mala hostia.

A la mañana siguiente
llevé a mis hijos al colegio.
Me encanta el mes de diciembre…
El mes en el que meten sus manitas en los bolsillos de mi gabán
y mientras les acaricio en secreto las palmas de sus manos
vamos urdiendo los planes del fin de semana.

Al llegar,
entre la insoportable turba de padres, abuelos y niños,
destacaba la pareja de siempre,
sentados en el banco de siempre,
con sus cabellos aún mojados
chivatos de una ducha rápida.
Se dedicaban —sin acompañarse la mirada— tímidas caricias,
de las que saben a promesa y confesión.
A veces, se besaban
mientras su hija Laura correteaba
junto al resto de los niños.

Por la tarde
me encontré de frente con Antonio.
Nunca lo había visto tan borracho.
Pasé junto a él y algo me gritó,
y me gritó algo de nuevo,
con su boca torcida hecha un colgajo de baba
y con su mirada condensada
en dos mínimas fisuras blancas.
Continuó gritando inmerso en un brutal balbuceo,
pero yo seguí mi camino
sin volver la vista atrás.

El lunes siguiente llegamos a la puerta del colegio
y la pareja de siempre
ya no estaba sentada en su banco.
Ni el martes, ni el miércoles, ni el jueves.
Y llegó el viernes, ese día tan especial
en el que tenemos la suerte de soñar
los planes del fin de semana.
De camino al colegio
nos reímos a carcajada limpia
cuando Lena recitó el poema «Todo está en su sitio»
de Gloria Fuertes,
imitando, burlona,
el solemne recitado de su padre.

Aquel día Laura esperaba junto a la puerta
agarrada de la mano
de su madre.
Por la tarde pregunté a mi hijo por ella
y me contestó que Laura le había contado
que su papá se había ido de viaje a un país muy lejano,
y que ella, ahora,
vivía en un palacio.


Y nunca más
volví a ver a Antonio.


Kalkbadan
En Madrid a 17 de diciembre de 2017
Pobre Äntonio que será de él. Uno de mis nombres se llama Antonio pobre de él.Un fuerte abrazo.
 
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Era jueves por la tarde
y paré a tomar una cerveza antes de subir a casa.
El propietario del bar era un tipo adusto,
un tipo al que
contaras lo que le contaras
—como si le hablabas del tiempo—
siempre hacía como que no te escuchaba,
o al contrario,
te reprochaba con su mirada
abriendo súbitamente los ojos
como si le hubieras preguntado
sobre alguna de las conjeturas matemáticas del milenio,
y tras ese espasmo gestual solía girarse y,
mientras negaba con la cabeza,
y tras echarse con estilo torero el trapo sobre el hombro,
la emprendía a gritos con alguno de sus camareros.
Además, tengo que decir
que nunca me puso una mísera tapa con la cerveza.

Vamos, que ese señor era la perfecta personificación
de lo que se conoce como «un gilipollas».

Recuerdo como aquella tarde dirigió su dedo
hacia el ventanal,
mientras le contaba a un cliente que el borracho
que avanzaba con dificultad
por la acera
había sido su mejor camarero,
pero que su vagancia incorregible
y la puta de su mujer
lo habían convertido en un jodido borracho.
Y fue entonces cuando le solté al gilipollas un simple y cobarde:
ese chico es una persona y se llama Antonio,
y me marché.
Y ahí se quedó con su dedo inquisidor
y su cara de boya roja a punto de explotar
con sus cejas provocando un maremoto de arrugas en su frente.
Supongo que los camareros dieron buena cuenta de su mala hostia.

A la mañana siguiente
llevé a mis hijos al colegio.
Me encanta el mes de diciembre…
El mes en el que meten sus manitas en los bolsillos de mi gabán
y mientras les acaricio en secreto las palmas de sus manos
vamos urdiendo los planes del fin de semana.

Al llegar,
entre la insoportable turba de padres, abuelos y niños,
destacaba la pareja de siempre,
sentados en el banco de siempre,
con sus cabellos aún mojados
chivatos de una ducha rápida.
Se dedicaban —sin acompañarse la mirada— tímidas caricias,
de las que saben a promesa y confesión.
A veces, se besaban
mientras su hija Laura correteaba
junto al resto de los niños.

Por la tarde
me encontré de frente con Antonio.
Nunca lo había visto tan borracho.
Pasé junto a él y algo me gritó,
y me gritó algo de nuevo,
con su boca torcida hecha un colgajo de baba
y con su mirada condensada
en dos mínimas fisuras blancas.
Continuó gritando inmerso en un brutal balbuceo,
pero yo seguí mi camino
sin volver la vista atrás.

El lunes siguiente llegamos a la puerta del colegio
y la pareja de siempre
ya no estaba sentada en su banco.
Ni el martes, ni el miércoles, ni el jueves.
Y llegó el viernes, ese día tan especial
en el que tenemos la suerte de soñar
los planes del fin de semana.
De camino al colegio
nos reímos a carcajada limpia
cuando Lena recitó el poema «Todo está en su sitio»
de Gloria Fuertes,
imitando, burlona,
el solemne recitado de su padre.

Aquel día Laura esperaba junto a la puerta
agarrada de la mano
de su madre.
Por la tarde pregunté a mi hijo por ella
y me contestó que Laura le había contado
que su papá se había ido de viaje a un país muy lejano,
y que ella, ahora,
vivía en un palacio.


Y nunca más
volví a ver a Antonio.


Kalkbadan
En Madrid a 17 de diciembre de 2017
Desgarradora historia Andreas siempre es grato encontrarme con tus poemas, que s veces encierra un gran misterio, grato leerte
 
TODO ESTÁ EN SU SITIO

Era jueves por la tarde
y paré a tomar una cerveza antes de subir a casa.
El propietario del bar era un tipo adusto,
un tipo al que
contaras lo que le contaras
—como si le hablabas del tiempo—
siempre hacía como que no te escuchaba,
o al contrario,
te reprochaba con su mirada
abriendo súbitamente los ojos
como si le hubieras preguntado
sobre alguna de las conjeturas matemáticas del milenio,
y tras ese espasmo gestual solía girarse y,
mientras negaba con la cabeza,
y tras echarse con estilo torero el trapo sobre el hombro,
la emprendía a gritos con alguno de sus camareros.
Además, tengo que decir
que nunca me puso una mísera tapa con la cerveza.

Vamos, que ese señor era la perfecta personificación
de lo que se conoce como «un gilipollas».

Recuerdo como aquella tarde dirigió su dedo
hacia el ventanal,
mientras le contaba a un cliente que el borracho
que avanzaba con dificultad
por la acera
había sido su mejor camarero,
pero que su vagancia incorregible
y la puta de su mujer
lo habían convertido en un jodido borracho.
Y fue entonces cuando le solté al gilipollas un simple y cobarde:
ese chico es una persona y se llama Antonio,
y me marché.
Y ahí se quedó con su dedo inquisidor
y su cara de boya roja a punto de explotar
con sus cejas provocando un maremoto de arrugas en su frente.
Supongo que los camareros dieron buena cuenta de su mala hostia.

A la mañana siguiente
llevé a mis hijos al colegio.
Me encanta el mes de diciembre…
El mes en el que meten sus manitas en los bolsillos de mi gabán
y mientras les acaricio en secreto las palmas de sus manos
vamos urdiendo los planes del fin de semana.

Al llegar,
entre la insoportable turba de padres, abuelos y niños,
destacaba la pareja de siempre,
sentados en el banco de siempre,
con sus cabellos aún mojados
chivatos de una ducha rápida.
Se dedicaban —sin acompañarse la mirada— tímidas caricias,
de las que saben a promesa y confesión.
A veces, se besaban
mientras su hija Laura correteaba
junto al resto de los niños.

Por la tarde
me encontré de frente con Antonio.
Nunca lo había visto tan borracho.
Pasé junto a él y algo me gritó,
y me gritó algo de nuevo,
con su boca torcida hecha un colgajo de baba
y con su mirada condensada
en dos mínimas fisuras blancas.
Continuó gritando inmerso en un brutal balbuceo,
pero yo seguí mi camino
sin volver la vista atrás.

El lunes siguiente llegamos a la puerta del colegio
y la pareja de siempre
ya no estaba sentada en su banco.
Ni el martes, ni el miércoles, ni el jueves.
Y llegó el viernes, ese día tan especial
en el que tenemos la suerte de soñar
los planes del fin de semana.
De camino al colegio
nos reímos a carcajada limpia
cuando Lena recitó el poema «Todo está en su sitio»
de Gloria Fuertes,
imitando, burlona,
el solemne recitado de su padre.

Aquel día Laura esperaba junto a la puerta
agarrada de la mano
de su madre.
Por la tarde pregunté a mi hijo por ella
y me contestó que Laura le había contado
que su papá se había ido de viaje a un país muy lejano,
y que ella, ahora,
vivía en un palacio.


Y nunca más
volví a ver a Antonio.


Kalkbadan
En Madrid a 17 de diciembre de 2017


Hace falta tu realismo, amigo, en el foro. Claro que hace falta.

Lo noto como una vivencia personal. Es cierto que no necesariamente el realismo habla sobre casos reales, sino son más álter egos de nuestras posibles realidades. Pero, esto, lo noto que no es así, puedo estar equivocado, puede ser una intuición.

En fin… no es importante ya que la historia, la trama y las conclusiones son excelentes en forma y contenido. Historia cotidiana, urbana, de bajos instintos, como queramos llamarle. Historia realista al fin y al cabo; y de excelente forma.

Un abrazo grande, amigo.
 
Desgraciadamente el mundo está lleno de "gilipollas" , también hay demasiados Antonios tambaleándose por las calles, es una suerte para Laura que se fuera a un país tan lejano. Es una historia Andreas como muy cotidiana, encierra mucha tristeza y sufrimiento. El alcoholismo es una enfermedad muy grave.
Bueno, encantada de leerte Poeta, feliz domingo

Bien lo dices: una enfermedad muy grave. Lo jodido es que la «solución» sea precisamente que no tengan solución. En el mismo centro de Madrid te los encuentras degradándose poco a poco hasta que un buen día los pierdes de vista para siempre. Han muerto poco a poco frente a las miradas de todos nosotros. En el fondo todo —tristemente— está en su sitio en esta sucia sociedad. El miserable, el enfermo mental, en cuántos casos lo fue desde niño... Porque parece, a tenor de lo que uno escucha, que se lo buscaron, que fueron unos vagos de mierda, etc. La desigualdad es la madre de los desastres; qué hipocresía aquello de «la igualdad de oportunidades». Y la historia se repetirá con niños como Laura, que tienen el epitafio escrito en su frente. La verdad es que no existen medios para encauzar la vida de estos niños que sufren el desgarro de soportar el día a día de una familia desestructurada.
Felices fietas, compañera.
Un abrazo querida Valentina.
 
Última edición:
Desgarradora historia Andreas siempre es grato encontrarme con tus poemas, que s veces encierra un gran misterio, grato leerte

Desgarradora realidad la de esta gente sin mucho margen para rehacer su vida. Sí, siempre es posible, pero afuera, en la calle, hace mucho frío.
Marianne, un gusto tu paso, como siempre.
Felices fiestas, querida.
 
Última edición:
Hace falta tu realismo, amigo, en el foro. Claro que hace falta.

Lo noto como una vivencia personal. Es cierto que no necesariamente el realismo habla sobre casos reales, sino son más álter egos de nuestras posibles realidades. Pero, esto, lo noto que no es así, puedo estar equivocado, puede ser una intuición.

En fin… no es importante ya que la historia, la trama y las conclusiones son excelentes en forma y contenido. Historia cotidiana, urbana, de bajos instintos, como queramos llamarle. Historia realista al fin y al cabo; y de excelente forma.

Un abrazo grande, amigo.

Querido, Danie, efectivamente una historia real, tristemente cotidiana... Resulta bestia comprobar cómo ese calor, ese «cacharreo en la cocina» que resulta tan trascendental en la infancia, hay tantos y tantos niños que no saben lo que es. Y pasan frío, hasta que la coraza que los cubre se hace impenetrable. Pobres chavales.
Siempre es un gusto tu paso, ya lo sabes.
Me alegro especialmente de que te gustara este poema, compa.
Felices fiestas. Un abrazo.
 
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Era jueves por la tarde
y paré a tomar una cerveza antes de subir a casa.
El propietario del bar era un tipo adusto,
un tipo al que
contaras lo que le contaras
—como si le hablabas del tiempo—
siempre hacía como que no te escuchaba,
o al contrario,
te reprochaba con su mirada
abriendo súbitamente los ojos
como si le hubieras preguntado
sobre alguna de las conjeturas matemáticas del milenio,
y tras ese espasmo gestual solía girarse y,
mientras negaba con la cabeza,
y tras echarse con estilo torero el trapo sobre el hombro,
la emprendía a gritos con alguno de sus camareros.
Además, tengo que decir
que nunca me puso una mísera tapa con la cerveza.

Vamos, que ese señor era la perfecta personificación
de lo que se conoce como «un gilipollas».

Recuerdo como aquella tarde dirigió su dedo
hacia el ventanal,
mientras le contaba a un cliente que el borracho
que avanzaba con dificultad
por la acera
había sido su mejor camarero,
pero que su vagancia incorregible
y la puta de su mujer
lo habían convertido en un jodido borracho.
Y fue entonces cuando le solté al gilipollas un simple y cobarde:
ese chico es una persona y se llama Antonio,
y me marché.
Y ahí se quedó con su dedo inquisidor
y su cara de boya roja a punto de explotar
con sus cejas provocando un maremoto de arrugas en su frente.
Supongo que los camareros dieron buena cuenta de su mala hostia.

A la mañana siguiente
llevé a mis hijos al colegio.
Me encanta el mes de diciembre…
El mes en el que meten sus manitas en los bolsillos de mi gabán
y mientras les acaricio en secreto las palmas de sus manos
vamos urdiendo los planes del fin de semana.

Al llegar,
entre la insoportable turba de padres, abuelos y niños,
destacaba la pareja de siempre,
sentados en el banco de siempre,
con sus cabellos aún mojados
chivatos de una ducha rápida.
Se dedicaban —sin acompañarse la mirada— tímidas caricias,
de las que saben a promesa y confesión.
A veces, se besaban
mientras su hija Laura correteaba
junto al resto de los niños.

Por la tarde
me encontré de frente con Antonio.
Nunca lo había visto tan borracho.
Pasé junto a él y algo me gritó,
y me gritó algo de nuevo,
con su boca torcida hecha un colgajo de baba
y con su mirada condensada
en dos mínimas fisuras blancas.
Continuó gritando inmerso en un brutal balbuceo,
pero yo seguí mi camino
sin volver la vista atrás.

El lunes siguiente llegamos a la puerta del colegio
y la pareja de siempre
ya no estaba sentada en su banco.
Ni el martes, ni el miércoles, ni el jueves.
Y llegó el viernes, ese día tan especial
en el que tenemos la suerte de soñar
los planes del fin de semana.
De camino al colegio
nos reímos a carcajada limpia
cuando Lena recitó el poema «Todo está en su sitio»
de Gloria Fuertes,
imitando, burlona,
el solemne recitado de su padre.

Aquel día Laura esperaba junto a la puerta
agarrada de la mano
de su madre.
Por la tarde pregunté a mi hijo por ella
y me contestó que Laura le había contado
que su papá se había ido de viaje a un país muy lejano,
y que ella,
ahora,
vivía en un palacio.


Y nunca más
volví a saber de Antonio.


Kalkbadan
En Madrid a 17 de diciembre de 2017
Soy de bares y conozco a esos tipos y a otros tantos...
Describes milimétricamente el entorno y a los que lo componen. La personalización de lo humano, los preconcebidos argumentos y la poca vergüenza de sentirse superior detrás de cualquier barra o burladero.
Y, sin embargo, la vida continúa para todos menos para los que se les acabó, incluso en vida.
Excelente leerte cada vez.

Y sí, todo está en su sitio, aunque no se pueda ubicar.
Un abrazo, Kalkbadam, y muy felices fiestas.
 
Me gustaría ver algo tuyo en forma de narrativa, podría ser muy genial que armes toda la estructura de estos personajes. Siento que además se te daría bien los conflictos indagados por Chejov, hay algo de eso en este encuentro del protagonista y el antagonista. Me gustaría saber si has topado a un escritor medio reciente, el Etgar Keret ¿Qué te parece lo que escribe ese vato?
 
Soy de bares y conozco a esos tipos y a otros tantos...
Describes milimétricamente el entorno y a los que lo componen. La personalización de lo humano, los preconcebidos argumentos y la poca vergüenza de sentirse superior detrás de cualquier barra o burladero.
Y, sin embargo, la vida continúa para todos menos para los que se les acabó, incluso en vida.
Excelente leerte cada vez.

Y sí, todo está en su sitio, aunque no se pueda ubicar.
Un abrazo, Kalkbadam, y muy felices fiestas.

«de cualquier barra o burladero», así es compa... Cómo se vienen arriba cuando están arropados de su rebaño.
Lo que es excelente es tu forma de decir, Alonso.
Gracias de veras por dedicarme este precioso comentario.
Un abrazo, y feliz año.
 
Me gustaría ver algo tuyo en forma de narrativa, podría ser muy genial que armes toda la estructura de estos personajes. Siento que además se te daría bien los conflictos indagados por Chejov, hay algo de eso en este encuentro del protagonista y el antagonista. Me gustaría saber si has topado a un escritor medio reciente, el Etgar Keret ¿Qué te parece lo que escribe ese vato?

Me alegra, Ariel, que veas proyección a la prosa en estas letras. La prosa, con su rasgo lógico dominante, siempre me ha resultado una creación especialmente compleja; quizá por ello la admiro -y la disfruto- tanto. Seguiré con gusto tu sugerencia y leeré al autor Etgar Keret. Ya te contaré, compañero. Feliz año y gracias por pasar.
 
Última edición:
Me alegra, Ariel, que veas proyección a la prosa en estas letras. La prosa, con su rasgo lógico dominante, siempre me ha resultado una creación especialmente compleja; quizá por ello la admiro -y la disfruto- tanto. Seguiré con gusto tu sugerencia y leeré al autor Etgar Keret. Ya te contaré, compañero. Feliz año y gracias por pasar.


Hace algo muy interesante en varios de sus cuentos, como si no terminaran los conflictos que mueven la narración o los mismos conflictos no son lo importante, sino la psicología de los personajes o sus posiciones dentro de la historia. Con eso logra crear tensión, la cual mantiene hasta el último segundo, con la intensión de hacer de la historia un acontecimiento desgarrador, incluso si el cuento no nos lleva a nada, solo a ver la realidad de sus personajes. Algunos son tan duros e inesperados con estas características que no parecieran cuentos, sino poémas formulados desde la narrativa. Temas favoritos: lucha de clases, cuestiones de raza y migración, divorcios con hijos. Se que te encantará, dale un checada.
¡¡Feliz navidad!!
 
Hace algo muy interesante en varios de sus cuentos, como si no terminaran los conflictos que mueven la narración o los mismos conflictos no son lo importante, sino la psicología de los personajes o sus posiciones dentro de la historia. Con eso logra crear tensión, la cual mantiene hasta el último segundo, con la intensión de hacer de la historia un acontecimiento desgarrador, incluso si el cuento no nos lleva a nada, solo a ver la realidad de sus personajes. Algunos son tan duros e inesperados con estas características que no parecieran cuentos, sino poémas formulados desde la narrativa. Temas favoritos: lucha de clases, cuestiones de raza y migración, divorcios con hijos. Se que te encantará, dale un checada.
¡¡Feliz navidad!!

¡Interesante lo que me cuentas, compañero! Me haré con él, seguro. Ariel, tienes un foro («poetas consagrados» creo que se llama) donde podrías empezar por publicar algún relato suyo.
¡Un abrazo, y feliz año!
 
Todos, de alguna manera, estamos un poco muertos
y todos tenemos o buscamos una válvula de escape.
El alcoholismo es una enfermedad que puede camuflarse
y, desgraciadamente,hay muchos más alcohólicos
de los que vemos en bares y aceras, pero los
de salón de casa y garito privado no deforman
el paisaje idílico de la calle...
En un país con una cultura vinícola tan arraigada, curiosamente,
los borrachos sólo son los que andan por la calle
con ropa sudada y un tetrabrik de vino para guisos,
pero detrás de cada "borracho" hay una vida.
Hoy tenemos un nombre,pero igual mañana
nos llamamos borrach@.
Es un tema muy duro, compi,pero es lo que hay...

Feliz año nuevo para ti y los tuyos, Andreas,
y ojalá, también,para todos los Antonios
y esa larga lista de almas que viven, directa o indirectamente,
el infierno del alcohol...
Un abrazo
 
No ser capaz de abrir los ojos y mirar
a la vida cara a cara. No estar presente
y asumir la inmensidad de lo que ocurre
por el pánico a enfrentarse al mundo.

Arrastar los pensamientos que la mente
te trae, una y otra vez, desde un pasado
que ni existe ni tiene importancia.
Divisar el muro infranqueable que, igualmente,
se ha inventado tu cerebro.

Inmiscuirse, adentrarse en la espiritualidad
de uno mismo, que es la del universo entero.
Saber que uno es eterno si tiene en cuenta
que tu forma de materia es un invento.

Que hay que vivir conectando el afuera con tu adentro,
que la vida y el mundo es lo que es y no puedes
cambiar al antojo de tus pensamientos tu alrededor.

Aquellos alcohólicos que vemos son sus mentes,
como el adicto al dinero, poder, comida, droga...
Todas ellas adicciones creadas por mente egóticas
necesitadas de pasados y futuros, que te atrapan
y te destruyen
de mil
maneras
posibles.

La inmensa mayoría somos reos de la mente.
No podemos ayudar a nadie si antes este
no se abre a su interior y no se miente más.

No es malo el dueño del bar que juzga y maltrata;
solo es otro más perdido en su laberinto
de pensamientos incesantes.

Mirar el espacio que hay entre los objetos,
la luz entre hoja y hoja, entre las ramas;
oír los sonidos emergentes del silencio
después de haber estado oyendo el silencio.

Todo son intentos de romper
el espacio y el tiempo para estar presente,
para ser presencia en cada instante,
en cada paso que vas dando. Unos lo intentan
a base de alcohol, otros con compras compulsivas,
comiendo más de la cuenta, obteniendo objetos
y más objetos como un bucle que nunca llena a tu mente;
otros se aferran a ideologías, movimientos, religiones, fútbol...

Solo entendiendo que uno no es
ni su mente ni sus pensamientos,
que es ese ser que está dentro de uno, encarcelado,
ese que no dejas emanar, se es libre de temores.

Entonces no hará falta que nadie te ayude,
ni sufrirás por ningún Antonio porque sabrás
que hay muchísimos Antonios, como
lo habías sido tú. Y que esos Antonios
son mentes perecederas, que los verdaderos Antonios
están dentro de sus cuerpos materiales
y están unidos a nosotros,
y a Todo.

Solo viendo a los verdaderos Antonios se ayuda.

Feliz año.
 
Última edición:
Es genial la historia Andreas. He leído varias veces este poema. Me gusta.

Bien podría ser un corto al mas puro estilo hitchcockoniano.

La vida no es igual para todos, no señor. Algunas veces nos las buscamos por la mano, pero otras pueden ir a los mismos todas las miserias sin buscarlas, y por más que hacen por salir, no lo consiguen.

A veces la vida se burla de uno y te hace la puñeta. Y a veces te rindes, pero solo el tiempo suficiente para poder seguir luchando.

Qué nos deparará el futuro? No me preocupa demasiado pero a veces tengo verdadera curiosidad aunque no quiero saberlo.

Que huevos tengo, y creo que me queda mucho futuro, habiendo llegado ya a los....shhhhhh jajajaja. Calla o te las verás conmigo.

Todo está en su sitio. Todo estaba en su sitio...las tetas hace tiempo que se me han caído jaja, al estilo Gloria Fuertes.

Me han regalado en reyes su biografía con poemas. Qué pedazo de libro. Tengo que abrirlo cada dos o tres días por cualquier página. Ya me lo se casi de memoria.

"Esto no es un libro, es una mujer".

No me extraña que cautivase a hombres y mujeres, qué personalidad tan arrolladora. Era genial.

Uno de mís preferidos juntos a otros es: todo asusta. Y alguno más impresionante.
 
Última edición:
No ser capaz de abrir los ojos y mirar
a la vida cara a cara. No estar presente
y asumir la inmensidad de lo que ocurre
por el pánico a enfrentarse al mundo.

Arrastar los pensamientos que la mente
te trae, una y otra vez, desde un pasado
que ni existe ni tiene importancia.
Divisar el muro infranqueable que, igualmente,
se ha inventado tu cerebro.

Inmiscuirse, adentrarse en la espiritualidad
de uno mismo, que es la del universo entero.
Saber que uno es eterno si tiene en cuenta
que tu forma de materia es un invento.

Que hay que vivir conectando el afuera con tu adentro,
que la vida y el mundo es lo que es y no puedes
cambiar al antojo de tus pensamientos tu alrededor.

Aquellos alcohólicos que vemos son sus mentes,
como el adicto al dinero, poder, comida, droga...
Todas ellas adicciones creadas por mente egóticas
necesitadas de pasados y futuros, que te atrapan
y te destruyen
de mil
maneras
posibles.

La inmensa mayoría somos reos de la mente.
No podemos ayudar a nadie si antes este
no se abre a su interior y no se miente más.

No es malo el dueño del bar que juzga y maltrata;
solo es otro más perdido en su laberinto
de pensamientos incesantes.

Mirar el espacio que hay entre los objetos,
la luz entre hoja y hoja, entre las ramas;
oír los sonidos emergentes del silencio
después de haber estado oyendo el silencio.

Todo son intentos de romper
el espacio y el tiempo para estar presente,
para ser presencia en cada instante,
en cada paso que vas dando. Unos lo intentan
a base de alcohol, otros con compras compulsivas,
comiendo más de la cuenta, obteniendo objetos
y más objetos como un bucle que nunca llena a tu mente;
otros se aferran a ideologías, movimientos, religiones, fútbol...

Solo entendiendo que uno no es
ni su mente ni sus pensamientos,
que es ese ser que está dentro de uno, encarcelado,
ese que no dejas emanar, se es libre de temores.

Entonces no hará falta que nadie te ayude,
ni sufrirás por ningún Antonio porque sabrás
que hay muchísimos Antonios, como
lo habías sido tú. Y que esos Antonios
son mentes perecederas, que los verdaderos Antonios
están dentro de sus cuerpos materiales
y están unidos a nosotros,
y a Todo.

Solo viendo a los verdaderos Antonios se ayuda.

Feliz año.
¡Vicente! Te pido disculpas por no haber contestado antes a este inspirado comentario tuyo; un poema fantástico, que me guardo. Gracias, amigo.
Tengo mucha cercanía a la metafísica, a la mística que desarrollas en tu poema. Reconozco que me cuesta comprender, pero encuentro muy sugerente el discurso que me muestras. Digamos que uno no tiene por qué creer en Dios para creer en Dios. Noto, siento, intuyo, que hay algo dentro del ser que es todo, como dices. Creo que la contemplación para adentro —cualquiera lo habrá sentido— nos ilumina, por instantes, esa semilla invisible que es lo que ES para mí, para todos, y para todo. Por lo demás, el vínculo entre mente y materia lo veo tan capado, compañero... No es fácil no sentirse encarcelado en la esfera consciente, y eso a sabiendas del teatro que supone la representación del mundo que se registra en ella.
En cualquier caso, ese Antonio epidérmico del mundo que uno contempla, duele, y es profundamente real, porque esos gestos, esa pérdida en la mirada, se cuela (por instantes) en tu consciencia con una fuerza inusitada. Después ya, programados para avanzar como estamos, seguimos con nuestra vida como si nada hubiera pasado.
Un abrazo, compañero, y feliz primavera.
 
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Es genial la historia Andreas. He leído varias veces este poema. Me gusta.

Bien podría ser un corto al mas puro estilo hitchcockoniano.

La vida no es igual para todos, no señor. Algunas veces nos las buscamos por la mano, pero otras pueden ir a los mismos todas las miserias sin buscarlas, y por más que hacen por salir, no lo consiguen.

A veces la vida se burla de uno y te hace la puñeta. Y a veces te rindes, pero solo el tiempo suficiente para poder seguir luchando.

Qué nos deparará el futuro? No me preocupa demasiado pero a veces tengo verdadera curiosidad aunque no quiero saberlo.

Que huevos tengo, y creo que me queda mucho futuro, habiendo llegado ya a los....shhhhhh jajajaja. Calla o te las verás conmigo.

Todo está en su sitio. Todo estaba en su sitio...las tetas hace tiempo que se me han caído jaja, al estilo Gloria Fuertes.

Me han regalado en reyes su biografía con poemas. Qué pedazo de libro. Tengo que abrirlo cada dos o tres días por cualquier página. Ya me lo se casi de memoria.

"Esto no es un libro, es una mujer".

No me extraña que cautivase a hombres y mujeres, qué personalidad tan arrolladora. Era genial.

Uno de mís preferidos juntos a otros es: todo asusta. Y alguno más impresionante.

¡Hola, Elenita! Espero que todo bien.
Sí, desde luego, la vida, con independencia de la puta injusticia, parte y reparte a su manera. Hay gente que literalmente quedan fuera del sistema, como meros objetos invisibles a los ojos de quienes tenemos anhelos, movimiento y fuerzas -en definitiva- para tirar adelante.
Genial sin duda, y comprometida.
Un beso, compi.
 
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