(Para Eratalia,
por llevarle la contraria).
Como un viejo reloj, el tiempo a veces
también se oxida y queda detenido
en la hora que, al borrar, no halló el olvido,
oculta del presente y de sus jueces.
Son los recuerdos que, por más que creces,
te hacen el niño aquel que siempre has sido,
te traen pistas de un amor perdido,
dan sentido a vivir, si languideces.
Giran también como un reloj que rueda,
no son de obsolescencia programada
ni tienen año de caducidad.
Retornan cada noche y, en voz queda,
encogidos al lado de la almohada,
duermen con su eco a toda la ciudad.
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