Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
CARICIAS
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Dos caricias
yo llevo conmigo
transitan conmigo.
Yo voy … ellas van,
yo vengo … ellas vienen,
yo estoy … ellas están.
Ni Dios se entiende consigo,
cuando como buen amante,
como buen amigo,
las ve caminar.
En realidad no caminan;
vuelan, danzan,
sutiles, etéreas, blancas,
transparentes ... de soñar.
Que da la impresión
muchas veces,
que no están.
Pero esto si es sueño,
como aquel país
sin montes ni mar;
pues me están impregnadas,
forman parte de mí,
están fundidas en mí
y son la razón,
de mi soñar más silente
el soñar de mi andar
sin pisar el retablo
que dejó Dios a mi andar
Y estas caricias
me hieren, me dañan,
me angustian, me atan
y no encuentro en la vida,
algo más hermoso,
que éste soñar
éste sufrir
y éste desear.
Y me roban crepúsculos,
me usurpan auroras,
me invaden otoños,
me nublan canciones,
me arrestan sentires,
me plagian las tardes
las más dolorosas
malsanas de amadas
de los arreboles
que arrancan las sangres
con su maltratar
Y estas caricias
me asaltan rincones,
de amantes furtivos,
de amantes señores
y de fieles esposos,
de incólume hogar.
Además ellas,
aumentan delirios,
en mil provocar
contando mis venas,
las hojas marrones,
que ensucian senderos,
con penas violetas,
con ansias dolientes,
de almas cargadas,
de azules nostalgias
de aquel tibio hogar;
Y con silencios tristes,
que suspenden las almas,
en el aire de amar.
Y cambian parajes,
mil verdes parajes,
de los verdes álamos,
dorados aromos
brillantes magnolios,
que son de los que aman
que en éste epitafio
están por estar;
Y los dejan sumidos,
en tristes paisajes,
que da pena mirar.
Y prolongan la pena,
en el ardiente estío,
en su pasional sentir,
en el de la primavera,
… y en esa pena otoñal;
Y queda el alma presa,
en un blanco invierno,
casi eternal.
Son éstas caricias,
estas dos malicias,
estas dos traiciones,
estas dos punzadas,
que me ahogan el alma
y me hacen llorar.
Estas dos caricias,
que marcaron mi vida
y marcaron mi andar.
Una es:
Aquella vista primera,
gloriosa y lastimera,
de tus ojos de amar.
Y la otra:
La vista de tu adiós,
la más triste de mi pecho,
que me privó el derecho,
de mi bien dormir
y aquel despertar.
Una es
dulce caricia,
que no olvido.
La otra … la otra,
la quiero olvidar.
&&&&&&
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Dos caricias
yo llevo conmigo
transitan conmigo.
Yo voy … ellas van,
yo vengo … ellas vienen,
yo estoy … ellas están.
Ni Dios se entiende consigo,
cuando como buen amante,
como buen amigo,
las ve caminar.
En realidad no caminan;
vuelan, danzan,
sutiles, etéreas, blancas,
transparentes ... de soñar.
Que da la impresión
muchas veces,
que no están.
Pero esto si es sueño,
como aquel país
sin montes ni mar;
pues me están impregnadas,
forman parte de mí,
están fundidas en mí
y son la razón,
de mi soñar más silente
el soñar de mi andar
sin pisar el retablo
que dejó Dios a mi andar
Y estas caricias
me hieren, me dañan,
me angustian, me atan
y no encuentro en la vida,
algo más hermoso,
que éste soñar
éste sufrir
y éste desear.
Y me roban crepúsculos,
me usurpan auroras,
me invaden otoños,
me nublan canciones,
me arrestan sentires,
me plagian las tardes
las más dolorosas
malsanas de amadas
de los arreboles
que arrancan las sangres
con su maltratar
Y estas caricias
me asaltan rincones,
de amantes furtivos,
de amantes señores
y de fieles esposos,
de incólume hogar.
Además ellas,
aumentan delirios,
en mil provocar
contando mis venas,
las hojas marrones,
que ensucian senderos,
con penas violetas,
con ansias dolientes,
de almas cargadas,
de azules nostalgias
de aquel tibio hogar;
Y con silencios tristes,
que suspenden las almas,
en el aire de amar.
Y cambian parajes,
mil verdes parajes,
de los verdes álamos,
dorados aromos
brillantes magnolios,
que son de los que aman
que en éste epitafio
están por estar;
Y los dejan sumidos,
en tristes paisajes,
que da pena mirar.
Y prolongan la pena,
en el ardiente estío,
en su pasional sentir,
en el de la primavera,
… y en esa pena otoñal;
Y queda el alma presa,
en un blanco invierno,
casi eternal.
Son éstas caricias,
estas dos malicias,
estas dos traiciones,
estas dos punzadas,
que me ahogan el alma
y me hacen llorar.
Estas dos caricias,
que marcaron mi vida
y marcaron mi andar.
Una es:
Aquella vista primera,
gloriosa y lastimera,
de tus ojos de amar.
Y la otra:
La vista de tu adiós,
la más triste de mi pecho,
que me privó el derecho,
de mi bien dormir
y aquel despertar.
Una es
dulce caricia,
que no olvido.
La otra … la otra,
la quiero olvidar.
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