Teo Moran
Poeta fiel al portal
La tarde cóncava con su silencio
va pisando a tientas la vereda del cielo,
las hojas cansadas se recuestan soñolientas
en el delicado e imperecedero lecho
y besan el agua fría que cae desde la sierra,
como ésta cubre las grietas dejadas por el arado
para dar vida allí donde solo hubo añoranza,
una fragancia que nos recuerda al invierno.
Ya no están las golondrinas negras en el cielo,
quedaron sus nidos vacíos en los accesos
y en la plaza los columpios se balancean
con no sé que mano invisible y silenciosa,
en la plaza donde los niños que ayer jugaron
y ahora callan tras las ventanas cerradas
mas sus alegres sonrisas con forma de teja
se van por la senda que tras el río se aleja.
La tarde cóncava con su misterio
va entonando la melodía del recuerdo,
los árboles se desnudan en la orilla
en la cual se trenzan los rizos de los juncos
con los dedos etéreos de la tenue brisa,
el río sinuoso calla en los pliegues sombríos
por donde la garza alargada espera,
mira la silueta del horizonte curvarse
por entre el estribo blanco del invierno
y camina a tientas por la vereda del cielo.
Un día más oscurecía en la sierra parda
con los colores ingenuos del recuerdo,
en la plaza vacía donde la vida es un misterio,
donde los niños felices que ayer jugaron
también esperan a no sé que dulce melodía
que eterna duerme con las hojas en el lecho.
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