Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
CAPAZ
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Capaz que esas nubes
aquellas,
tan altas,
un día dejen,
despejada la fuente,
que hace entibiar el hielo,
que lo hace derretirse,
fluir de repente.
Ese hielo burlesco,
duro, frío, seco,
que en realidad quema
aplasta y oprime
con barcos y velas.
Ese hielo obstinado
que yo veo en mi pena
de las sonrisas calculadas
de las gentes.
Capaz que esas nubes
aquellas,
tan altas
un día se pinten,
para mí del color celeste,
y del verde y el mercurio
aquel gris brillante y rebelde.
O bien
del color inconcluso
lejano y doliente
que siempre siguen,
poetas raros, sublimes,
o agrestes
Capaz que por fin esas nubes,
aquellas
tan altas
abandonen la lana sucia
masacrada y molida
que roban y robaron
a las ovejas,
mansas y quietas
apacibles y pacientes.
Esa lana tan cálida y tan pálida.
Esa que usan de frío,
las ovejas;
así como usa mi pecho,
por tu pecho ausente.
Capaz que yo vea otro cielo:
aquel que yo veo contigo.
Algo así,
como aquel que oí tantas veces
y que sigo oyendo
esperando y soñando
llorando y riendo
----
Pero ahora veo
otro cielo.
Cielo
del que no sabía
Veo un cielo de reproches.
Un cielo ... el lugar
de mi llanto,
y del espanto
con el manto de las noches
que me esconden las estrellas
que las quiebran
que las muelen a mordiscos
que las sellan
Veo el cielo de mi espera
de mi angustia
y de las velas indelebles
de mis vuelos a la luna
de las tardes del recodo
de tu pecho con el mío
de las noches apretadas
en sublimes desvaríos
y de mi respirar hondo
Veo el cielo con mi altar tan profanado
tan intimidante y peligroso
que me escondo
Veo otro cielo diferente
que palpándolo
y acariciando sus riberas
y bebiéndolo a torrentes
cuando mis seis alas
de papeles de electrones morados
y tan blancos como espermas
las más altas, las más graves y sinceras
lo recorren lado a lado
codo a codo
en epitafios de vida
y de besos sin espera
Que a ese cielo ya tan predicado
y exhibido
en tan santas homilías
y en sermones de evangelios de vidrieras
desenfadadamente puro
y tembloroso de pasiones,
de unciones y canciones
A ese cielo
mi corazón
solo lo mira
desde afuera.
&&&&&&
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Capaz que esas nubes
aquellas,
tan altas,
un día dejen,
despejada la fuente,
que hace entibiar el hielo,
que lo hace derretirse,
fluir de repente.
Ese hielo burlesco,
duro, frío, seco,
que en realidad quema
aplasta y oprime
con barcos y velas.
Ese hielo obstinado
que yo veo en mi pena
de las sonrisas calculadas
de las gentes.
Capaz que esas nubes
aquellas,
tan altas
un día se pinten,
para mí del color celeste,
y del verde y el mercurio
aquel gris brillante y rebelde.
O bien
del color inconcluso
lejano y doliente
que siempre siguen,
poetas raros, sublimes,
o agrestes
Capaz que por fin esas nubes,
aquellas
tan altas
abandonen la lana sucia
masacrada y molida
que roban y robaron
a las ovejas,
mansas y quietas
apacibles y pacientes.
Esa lana tan cálida y tan pálida.
Esa que usan de frío,
las ovejas;
así como usa mi pecho,
por tu pecho ausente.
Capaz que yo vea otro cielo:
aquel que yo veo contigo.
Algo así,
como aquel que oí tantas veces
y que sigo oyendo
esperando y soñando
llorando y riendo
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Pero ahora veo
otro cielo.
Cielo
del que no sabía
Veo un cielo de reproches.
Un cielo ... el lugar
de mi llanto,
y del espanto
con el manto de las noches
que me esconden las estrellas
que las quiebran
que las muelen a mordiscos
que las sellan
Veo el cielo de mi espera
de mi angustia
y de las velas indelebles
de mis vuelos a la luna
de las tardes del recodo
de tu pecho con el mío
de las noches apretadas
en sublimes desvaríos
y de mi respirar hondo
Veo el cielo con mi altar tan profanado
tan intimidante y peligroso
que me escondo
Veo otro cielo diferente
que palpándolo
y acariciando sus riberas
y bebiéndolo a torrentes
cuando mis seis alas
de papeles de electrones morados
y tan blancos como espermas
las más altas, las más graves y sinceras
lo recorren lado a lado
codo a codo
en epitafios de vida
y de besos sin espera
Que a ese cielo ya tan predicado
y exhibido
en tan santas homilías
y en sermones de evangelios de vidrieras
desenfadadamente puro
y tembloroso de pasiones,
de unciones y canciones
A ese cielo
mi corazón
solo lo mira
desde afuera.
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