Diálogo interior-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Mientras, hago yesca los milenios, donde se agrupaban los silencios y me limitaba a bendecir tus ilusiones de niña bien. Me gustaba especialmente sonreírte y sonreír, en la vereda de todos los caminos. Prefería olvidarme a este lado del sueño, obligado a pernoctar en tu vientre o tu cintura. Yo no supe nunca ser quien era. Tú no supiste nunca ser quien fuiste. Pero para mí al menos tuviste alguna ocasión, una oportunidad, o una sensación ligera de ser tú misma, la que yo amaba. Me limitaba a bendecirte, niña de los cien cabellos morenos. Ahora me dedico con voluntad de hierro a encender los mecheros de la gente bien, como tú bien hubieras querido. Aunque, quién sabe, quizás nunca quisiste nada...©
 
Mientras, hago yesca los milenios, donde se agrupaban los silencios y me limitaba a bendecir tus ilusiones de niña bien. Me gustaba especialmente sonreírte y sonreír, en la vereda de todos los caminos. Prefería olvidarme a este lado del sueño, obligado a pernoctar en tu vientre o tu cintura. Yo no supe nunca ser quien era. Tú no supiste nunca ser quien fuiste. Pero para mí al menos tuviste alguna ocasión, una oportunidad, o una sensación ligera de ser tú misma, la que yo amaba. Me limitaba a bendecirte, niña de los cien cabellos morenos. Ahora me dedico con voluntad de hierro a encender los mecheros de la gente bien, como tú bien hubieras querido. Aunque, quién sabe, quizás nunca quisiste nada...©
En ese fuego sagrado del amor se necesita el ritmo de los dos.
quedan por ello espacios sin concretar y esa indefiniion lleva
al estallido de una melancolia conjugada. excelente. saludos
de luzyabsenta
 

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